miércoles, 31 de octubre de 2012

EL TÍO PELAYO




Fotografía y diseño de Ian Welden.




"En memoria del genial y generoso Pelayo Gajardo, que en paz descanse.
Y para todos los niños y niñas del mundo que no tienen un padre o una madre, pero sí un noble tío o tía que los quiera y los cuide"



Dejé de tener padre a la edad de diez años. Él regresó a su país y no volví a verlo. El dolor tan profundo por la separación  lo llevo intacto en algún lugarcito de mi alma.

El hermano de mi abuela Graciela, el tío Pelayo, asumió la tarea de ser mi figura paternal. Era mi tío preferido y siempre me invitaba a su vieja casa en el pueblecito de Papudo, litoral chileno. Debido a los terremotos  era una  vivienda embrujada de las películas de Walt Disney. Pero en medio de la alegría  siempre había un lugar para mí entre mis primos, primas, tíos y tías.

Todo el tiempo vestía los mismos traje, corbata y zapatos envejecidos. Y un maletín, de cuero de dinosaurio, decía él, por lo avejentado. Pero no faltaba comida para doce personas o más, y braseros en los dormitorios para  el frío en las gélidas noches del Océano Pacífico. Ni algún dinero para comprar caramelos Ambrosoli.
Su automóvil era una ambulancia que encontró abandonada en un basurero. Con paciencia la limpió y reparó hasta hacerla funcionar. Incluyendo la sirena. Y el viaje de inauguración del vehículo lo hicimos con serpentinas y globos a alta velocidad por las polvorientas calles de Papudo. La sirena asustaba a las aves, chanchos, caballos y otros seres comunes en la vida del pueblo.

En Papudo me enamoré por primera vez de mi prima Sarita. ¡Ay, qué terrible, señor! Era un amor platónico correspondido. En la playa, recogíamos envoltorios de caramelos Ambrosoli para nuestra fingida colección. Nos mirábamos poco a los ojos porque cuando lo hacíamos un destello de luz nos cegaba y ruborizaba.

 En los atardeceres trepábamos por las rocas de la playa  y teníamos nuestro lugar predilecto cerca de los botes ya amarrados para la noche. Ahí entonábamos canciones de moda tales como "Mi amor, mi corazón, eres tan bella, como un melón..!"

Todavía y ya en mi vejez me duele el alma cuando la escucho en la radio. No recuerdo qué sucedió con nuestro amor. Creo que nos perdimos en los recovecos de la vida... Recuerdo también a mi prima Isabel, muy hermosa y de ojos verdes. Tenía mi edad, diez años, y éste era un amor sensual pero jamás consumado. Un día, en una de las carpas que se usaban para cambiarse de ropa, me bajó el traje de baño y ahí estuvimos, de pie el uno frente al otro con los ojos cerrados...sin saber qué más hacer.

Mi tío me enseñó a peinarme como adulto. Mis padres no se habían ocupado de ese detalle y mi cabello muy largo caía revuelto sobre mis anteojos y orejas. Él me llevó a la peluquería y ahí después que me cortaron un kilo de pelo, sacó su peineta del bolsillo: "De este lao pa´la izquierda y aquí te hacís la partidura. Y este lao pa´la derecha y quedai macanudo!"

Me acuerdo de él cada vez que me peino.

 Por las noches íbamos todos a pescar al destartalado muelle de Papudo . Una vez me caí al agua. Habría tres metros de altura desde la plataforma del muelle al mar. Me estaba ahogando entre la gritería de mis primos y de los pescadores. En medio de mi angustia, apareció mi tío en el agua, con su traje, corbata y zapatos. Mi héroe salvó mi vida

Él  venía a visitar a mi madre en Santiago, . Su llegada en su ambulancia causaba risa o espanto entre mis vecinos. Generalmente planificaban con mi madre, abuelo y abuela, mi próxima estadía en Papudo, lo que me alegraba  porque podría ver a Sarita e Isabel nuevamente.

Mi adolescencia me llevó a vivir a otros países y perdí contacto con él. En Barcelona  viví un año y desde ahí me trasladé a Copenhague. Cuando viajé a Chile hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos en el Kika, un café restaurante muy famoso en la calle Providencia, cerca del inmundo Canal San Carlos, en Santiago de Chile.

Nuestra reunión fue triste. Me contó de la muerte de su adorada esposa, la tía Gary. Lucía muy viejito, con un bastón. Le pregunté por la ambulancia y nos reímos. 
La soledad lo embrujaba. Este hombre genial y generoso, que una vez fue el espíritu vivo de varias generaciones en nuestra familia, había sido abandonado por nosotros cuando más nos necesitaba. Sentí vergüenza y se lo dije. El guardó silencio.

Nos dimos un gran abrazo y se fue de mi vida apoyado en su viejo bastón, seguramente a golpear en alguna puerta para mendigar una tacita de té y un gramo de compañía.

martes, 30 de octubre de 2012

SAN BOI



                                                                 Fotomontaje de Ian Welden, 2007

Cuando joven, tuve que abandonar mi patria y mi familia. Crucé la Cordillera de los Andes y el Océano Atlántico en un destartalado Lan Chile -Línea Aérea Nacional- y llegué a un pueblito llamado San Baudilio del Llobregat conocido en la región como San Boi -norte de España- y muy cerca de Barcelona, la capital de Cataluña.

San Boi era un pueblo de pocos habitantes; un cerrito en la mitad -que me recordaba Santa Lucía de Santiago- y un río oscuro y lodoso llamado Río del Llobregat. Yo iba a pasear mi soledad por el cerro y el río echando de menos a mis amistades y a mis amores en Santiago.
Llobregat, me viste llegar una tarde (tipo extraño -no - de - aquí) y  me tendiste tu alfombra roja. Me cuidaste como una madre cuida a su hijo enfermo.

En las tardes calurosas me acurrucaba bajo la sombra de tus árboles y dormía siestas a la chilena mientras a mi alrededor caminaban pastores con sus cabritas y chivos y campanas. Nos hicimos amigos y guardaste mis secretos con discreción a orillas del muro de tu  Hospital Psiquiátrico del Municipio, Montserrat y su lengua poderosa. Y entre las basuras del destartalado río, Constanza.
Y Dolores, la mujer más linda de Cataluña, empleada del supermercado local.
YO: Cien gramos de jamón, por favor.
DOLORES: ¿Jamón dulze o jamón ahumado?
YO: ¿Cuál es la diferencia?
DOLORES: ¡Puez... vaya! que si te apeteze te doy un millón de gramoz del jamón máz dulze que hayaz conozido en tu vida... ¿Vale?
Esa noche nos fuimos al Cementerio Municipal y entre muertos envidiosos y tumbas  intercambiamos regalos. Quedamos sorprendidos ante tanto cariño y satisfacción que dos seres desconocidos pueden entregarse.
Al salir del Cementerio (a cuya entrada estaba escrita la siguiente advertencia: "Los que aquí se acuestan jamás saldrán caminando") proclamamos eufóricos de oporto y de amor el acercamiento entre los pueblos hispanoamericanos.
Te traicioné.

"A vegades no saps perque
et deixas emportar com lagua dun riu..
y da sobta racordas
que la main feillugas
tanan al timon a duas pasas *

Un día de julio tomé un tren en la Estación Central de Barcelona y trepé hacia el Norte de Europa, hacia la oscuridad y el hielo de Escandinavia en pos de una mujer rubia. Dejé atrás tus cabellos y ojos negros. Y tu sardana de trescientos ochenticinco pasos, tus pititos y tus pañuelos en tu cabeza.
San Boi, muchos años más tarde volví ya viejo, a visitarte. Estabas silencioso como siempre con tu cerrito  situado en el centro del pueblo. Y tu río lleno de viejos refrigeradores oxidados y aparatos de televisión ya muertos y colchones olvidados.
Grité por tus calles en la noche y le pedí compasión al descomunal muro de tu Manicomnio Municipal: ¡Montse, Constanza, Dolores! ¿Dónde están?
¡Jamón dulce! ¡Jamón dulce!
La Guardia Civíl me sorprendió con mi botella de oporto ya vacía. No entendieron mi historia pero me trataron con amabilidad.

Chao San Boi...
Macachis en la mar salada.
Eso matesh. ¿Com va so?
¡Adeu su au!
a veces te dejas llevar
como el agua de un río.
Y de pronto te acuerdas
de que tienes el timón a dos pasos...

*Valeria Pullo
l

lunes, 29 de octubre de 2012

COSAS DE NIÑO

Queridas amistades, este relato aborda un tema por el que algunas personas me tildan de inmoral.
Pero muchas personas me apoyan y revistas literarias virtuales lo han publicado ya que entienden que l@s monstruos pedfílic@s son una lacra social peligrosa y que son seres astutos y sin escrúpulos. Son mortales para toda la comunidad.
Uso un lenguaje que tal vez les resulte grosero, hiriente o repulsivo. Demás está advertir que en su actual forma este relato no es adecuado para niñ@s

Ian Welden.




http://www.pedofilia-no.org/

1
Cuando empecé a conocer este mundo tuve miedo. porque mi padre no tomaba mi mano al cruzar  las calles.  Mi madre palpaba los moretones en su cara y  en su cocina agregaba lágrimas a las  cazuelas.

 El firmamento amenazaba caer sobre mi cama, en mis pesadillas. Porque yo guardaba un secreto. Cuando mis padres se  recluían en su mundo, mi tío me colmaba de juguetes y caricias. Me  paseaba en su auto y me hacía cosquillas entre las piernas. No entendía muchas cosas, pero las aceptaba convencido de que la vida era así para todos. 

Yo no tenía amigos. Los días en que mi tío no aparecía eran largos y tediosos. Ciertos domingos, con mi padres, íbamos a la iglesia y luego comíamos pasteles en el parque. O caminábamos por la alameda, ellos, tomados de la mano y yo, temeroso de volver al infierno de siempre.

La atmósfera en la casa solía ser tormentosa. La llegada de mi tío cambiaba el color del universo. Él me llevaba al parque de diversiones, donde comíamos hotdogs mientras navegábamos en los botecitos del Túnel del Amor. Una  vez me besó en la boca. Un  malestar recorrió mi cuerpo y el hot dog se me cayó al agua. Él dijo que nuestro amor era sagrado, que por nada en el mundo se lo contara a mis padres. Me aseguró que Dios se enfadaría si yo traicionaba nuestro juramento. Luego, me compró un enorme oso de felpa  y cenamos hamburguesas con papas fritas.

El miedo me torturaba cuando regresé a mi casa, pero mi.padre me revolvió el pelo. Mi madre me subió a su regazo, me besó y apretujó. Me pregunté  si  tal vez Dios se los habría contado. Miré confundido a mi tío y él me envió un beso a través de la sala. Todo estaba bien, quizás.

Esa noche, mientras oraba el Padrenuestro, escuché los gritos en el cuarto contiguo. Abracé al oso y hundí  mi cabeza en la almohada

2

Tenía siete años de edad cuando mis padres se separaron. Me quedé con mi madre y mi tío me llevaba a visitar a mi padre quien siempre estaba borracho. 

En el colegio religioso tenía tan sólo una amiga. Los padres de Soledad estaban separados y ella  también tenía un secreto con su padrino. Mi tío asumió con entusiasmo el rol de padre y sus atenciones para conmigo. Sus caricias se tornaron más raras y nuestro pacto se tornó en  amenaza. Yo no entendía su necesidad de tocarme los genitales ni su obsesión por masturbarse contra mis nalgas. Me hacía llorar cuando me obligaba a besar su miembro El  decía que así demostraba su gran amor por mí. Yo intuía que mi situación era algo malo, pero mi dolor no lograba formularlo en palabras.

Soledad era silenciosa y solitaria como yo. Su madre estaba internada en un hospital psiquiátrico y ella vivía con su padre en un sector pudiente de la ciudad. Su padrino, un señor jovial, la esperaba  en su automóvil al terminar las clases. Cuando él y mi padrino se encontraban se daban abrazos y palmaditas en los hombros.

Un día Soledad y yo olvidamos nuestro juramento.  Yo le conté y ella me confesó un pacto de amor con su padrino.
 Ignorábamos la magnitud de nuestra situación, pero ya no estábamos abandonados al mundo. Sin embargo, yo me sentía dividido. El niño que amaba la vida y era capaz de sonreír y, el otro, que soportaba en silencio las amenazas  de condena eterna  de los religiosos

Un viernes, mi tío  invitó a Soledad y a su padrino a pasar el fin de semana con nosotros. La siniestra ceremonia duró hasta el domingo, en que fuimos los cuatro a la misa a comulgar. Mi amiguita sollozaba en un rincón de la iglesia. Yo le confesé mi pesadilla al padre Nicanor, pero él me increpó que eran cosas de niño.  Me mandó a rezar diez Padrenuestros y veinte Ave Marías.

3

El padrino de Soledad había denunciado su desaparición y la policía encontró su cuerpo flagelado.  El padre, ausente en la vida de su hija, se conformó con el encarcelamiento de un viejo vago. Mi adorada Soledad fue sepultada con sus lágrimas y sus esperanzas. Me refugié en el consuelo de mi madre y rechacé las insistentes invitaciones de mi tío y del padrino.

La muerte de Soledad era el castigo de Dios por haber traicionado el juramento

Mi madre me llevó al médico y encontré refugio en unas píldoras verdes.Al inicio ella administraba mis píldoras, pero pronto necesité más. Las hurtaba para poder tocar el exquisito cielo de la indiferencia.  Acepté  las invitaciones de mi tío y del padrino de Soledad. Esta vez, sin rituales de seducción ni  pactos de amor. Tenía muchas pildoritas a mi disposición. Muchos hombres sometían a niños y niñas de mi edad a sus violentos caprichos. Así conocí también el infierno.

Mi tío no me proveía droga durante la semana. Me iba con mi  uniforme escolar a los baños públicos del centro de la ciudad. Allí me dejaba manosear a cambio de píldoras de todos los colores. La policía entraba a vigilar, pero ellos veían a un colegial de siete años de edad con sus libros bajo el brazo.

Mi padre murió por esos días y mi madre, que no había perdido la esperanza de volver con él, enfermó de pena.

4
Mi madre murió el día de mi cumpleaños número ocho. Yo, que había perdido mi habilidad para llorar, descubrí mi capacidad para odiar. Odié a mi madre por haberme dejado. Odié el recuerdo de mi padre y a las autoridades por obligarme a vivir con mi tío. Odié a los profesores, los sacerdotes, la policía... y echaba de menos a Soledad.

Algunas noches, en el cementerio, me sentaba a los pies de las tumbas. Y volvía  a casa de mi tío no sin antes  apedrear  estatuas y mausoleos del  llamado "campo santo". 

Comencé a entender, creía yo, los torcidos manejos del mundo que me había tocado vivir.

Una tarde de sábado, en casa de mi tío, varios niños yacían inconscientes en los sofás y en la alfombra. Escuché gritos cuando mi tío, desnudo y sudoroso, abofeteó a una niña. La condujo a un cuarto donde lo esperaba el padrino con una cámara fotográfica. Corrí al baño, tomé una navaja  y logré degollarlos a los dos.

 Llené mis bolsillos con píldoras, llamé a la policía y salí a las calles con la navaja en mi cinturón. Llegué al Cementerio Viejo y allí me instalé en una cripta, cerca de Soledad.

Nunca más me prostituí, me dediqué a vender droga.  Obtenía más con mi navaja. Vestía mi uniforme escolar y si la policía  amenazaba con encerrarme, yo les  entregaba un fajón de billetes. 

Yo mostraba mi navaja sólo a hombres y viejos solitarios. Hurtaba alimentos en los supermercados pero de vez en cuando iba al Restaurante Golden. Allí, además de cenar como rey, el dueño me dejaba lavarme en los baños.  Él no me conocía, pero yo sabía que era el padre de Soledad. Qué deseos tan ardientes tenía de "afeitarlo". Paciencia, paciencia...

Muchos niños de la calle eran feroces y vivían en grupos bajo los puentes.  Otros eran solitarios como yo. Pero todos llevábamos el estigma de Abel en la frente. No existía el cariño ni la camaradería. Solamente miedo, odio y violencia. 

Yo tenía  muy cercano a mi corazón el recuerdo de mi madre, así como la sonrisa de Soledad.
Era privilegiado en medio de ese infierno.

5

Una noche, con hambre y frío, no encontré  a quienes mostrar mi navaja. Mi cuerpo se sacudía por la abstinencia, así que fui a mi nido en la cripta. Allí, una pandilla de niños de mi edad, con cuchillos y pistolas, me rodeó. Me despojaron de mi uniforme escolar y de mi imprescindible navaja. Luego me propinaron puntapiés en todo el cuerpo.

Cuando desperté creí estar en el infierno. El padre de Soledad estaba inclinado sobre mi cuerpo  enfebrecido. Intenté levantarme pero él me sujetó con ambas manos.Me explicó que me había encontrado inconsciente en una calle cercana a su restaurante. Que sabía quién era yo y que me iba a cuidar.  Me dio algo de beber y me inyectó un líquido transparente en un muslo.

 La habitación era lujosa, la cama era blanda y olía a flores.Dormí por tres días y al despertar  encontré frutas y leche sobre una mesa. Estaba solo y mi instinto me dijo que debía desvalijar y huir. Pero no tenía ropa y la  sensación de abstinencia me produjo un conocido pánico. Comía manzanas cuando el padre de Soledad apareció en el umbral con un paquete  y una jeringa. El paquete contenía vestimentas y zapatos. Me inyectó, según dijo, un tranquilizante que evitaría los síntomas de abstinencia.

Todo era como un buen sueño pero yo estaba preparándome para su asalto. En cualquier momento me iba a comer. Ahora tan sólo me estaba engordando. Pero ese momento no llegó. Me relató el  asesinato de su hija cometido por mi tío y el padrino. De cómo la policía recibió dinero e inculpó al pobre viejo para cerrar  la investigación . De cómo la policía amenazó con inculparlo de violación y tortura  de su otra hijita, si no callaba... También dijo que me había visto sufrir en el cementerio la tarde en que Soledad fue enterrada.

A mis ocho años de edad no lograba asimilar tanta maldad. Mi impresión cuando atravesaba las calles con mi padre sin su mano, era la correcta.

6

Ahora, en La Penitenciaría del Estado, cumplo condena perpetua por los asesinatos de mi tío y el padrino. Aquí las cosas son idénticas a la vida de afuera. Soy un hombre joven, sí, y debo cuidarme con mi navaja. Acechan las bandas de reclusos violentos. Los guardias exigen pago por privilegios, una celda privada, una caminata a la ciudad, droga, sexo.Aún viene a visitarme el padre de Soledad, con su hija menor. Y en las noches solitarias, entre las maldiciones de los reos, vienen mis padres y mi amada Soledad a acompañarme. Ellos me hacen dormir tranquilo, como  un niño.


Publicado por Revista Arena y Cal España
http://www.islabahia.com/arenaycal/2010/171_mayo/ian_welden171.asp

Publicado por Revista Azul Arte Canada
http://revistaliterariaazularte.blogspot.dk/2009/09/ian-weldenprosa-poesia.html

Publicado por José Pivin en su revista EL GALLO EN ALPARGATAS Haifa, Israel
http://el-gallo-en-alpargatas.blogspot.dk/2010/04/ian-welden-desde-dinamarca-cosas-de.html

domingo, 28 de octubre de 2012

JUAN




Fotografías y diseño de Ian Welden, Copenhague.
En tu lucha contra el resto del mundo, te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.Franz Kafka 


Durante la guerra de la dictadura en Chile, el joven estudiante periodista Juan Soto Luna fue encarcelado por los militares. Y una noche de septiembre, a punta de ametralladoras, lo llevaron a los faldeos cordilleranos donde fue fusilado.
 Pero resucitó.
 Cruzó a gatas la cordillera de Los Andes  y llegó al océano Atlántico donde trepó a un crucero argentino. Desembarcó en Copenhague, capital del reino de Dinamarca.  Después de dormir en portales nevados y comer de los tarros de basura, encontró un cuartucho abandonado en la Calle Larga de Valby. Con una computadora rescatada de un basural, siguió enviando sus artículos en contra  de la dictadura y en pro del regreso a la democracia y la armonía entre chilenos.

 Su vivienda no tenía puertas ni ventanas, por lo que Juan prefería  dormir a la intemperie. Y como no tenía dinero seguía alimentándose de las exquisitas comidas danesas encontradas en los tachos de basura.

 En ese tiempo ya habían milagreros en la Calle Larga. Eran los vikingos con las parafernalias de sus osados ancestros de los años cero, pero también viejos hippies y nuevos punks produciendo té de hierbas mágicas contra el asma o el mar humor y  usando cabellos multicolores como los pavos reales y escuchando músicas ininteligibles en sorprendentes aparatos llamados gettoblasters.

 Juan, de treinta años de edad, paseaba desapercibido entre los milagreros y los transeúntes siempre ideando nuevos estilos para sus mensajes a Chile. Cómo lograr que una dictadura poderosa y cruel, como todas las dictaduras, cayera gracias a cartitas enviadas por correo electrónico!
 Y un día se dijo "Ahá! Titularé mis cartas `Milagros´!".
 Y su cuartito se llenó de hippies gordos y sudorosos ; punks ruidosos y vikingos enormes. Todos hablaban castellano adanesado (el lugar de vacaciones preferido de los daneses es España), para supervisar a este extraño chileno llamado  Guan Soutou Louna. Le traían, además, exquisiteces culinarias y vinos escogidos que según Juan no sabían tan bien como la comida y las bebidas encontradas en los Reales Basureros Daneses. 
 Y una punk de cabellos verdes y piel blanca besó a Juan en la mejilla, causándole un incremento visible de su actividad hormonal  y una confusión evidente en sus células cerebrales.
 Pero no importa, se decía el ya barbudo combatiente chileno, "mis cartas son cada vez más potentes!"
 Sorpresivamente estalló la guerra de la Calle Larga de Valby.  Un grupo  agresivo de valbyanos agredió a los milagreros una tarde nevada de diciembre. Destruyeron las parafernalias de los mansos vikingos, los gettoblasters y los peinados de los desprevenidos punks, los exóticos tés de  hierbas prohibídas de los transpirosos hippies e incendiaron el cuartito de Juan. Éste se libró de ser linchado gracias a la vigilancia de un nuevo grupo de milagreras aparecidas llamadas Las Feministas. Ellas lo sacaron por un pasillo secreto del edificio y lo instalaron en una calle lateral a la Calle Larga, con un teléfono celular entre sus manos.

 La dirigente del grupo, una mujer altísima y maciza como el tronco de un roble le dijo en castellano agringado: "¡Juan, la dictadura chilena ya cayó! No sabemos si tus misivas habrán hecho alguna diferencia. Pero ahora tendrás que escribir cartas en danés a los milagreros y a los antimilagreros y a toda la población de Valby para terminar con esta guerra absurda!"
 Y  presionó sus labios sobre los de Juan, introduciéndole la lengua hasta la garganta, entregándole así el conocimiento de la lengua danesa.

La guerra de la Calle Larga duró cinco años. Nuestro héroe cumplió los sesenta años cuando terminó. Triunfaron los milagreros sin disparar un sólo tiro.
 Hoy en día la Calle Larga de Valby es un célebre lugar de encuentros entre turistas, almas y fantasmas, gente común y corriente con sus niñitos de la mano, y una feria loca de milagreros de todas las generaciones que desafía las leyes de la cordura y de la gravedad.

 Y ese viejo sentado por ahí con una botella de vino tinto chileno a medio tomar, capaz que sea Juan, escribiendo más que nunca mensajes  de paz y justicia para el mundo entero.

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sábado, 27 de octubre de 2012

LEIVA GALLARDO


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 Una  casita blanca de adobe, álamos, un camino de tierra, la Cordillera de los Andes, y un jinete en su cabalgadura. Y el cielo azul virgen con nubes casi transparentes.


La mayoría de nosotros ha dibujado esta escena cuando niños. También pintores profesionales lo han hecho tal vez con mayor destreza.

En el comedor de mi casa, en Santiago de Chile, hace mil años atrás, colgaba un óleo con estos elementos. Yo me asombraba cada vez que elevaba mis ojos con religiosa humildad hacia la pintura. Había una firma, abajo, a la derecha.

Leiva Gallardo... leía yo con admiración.

Nunca supe si era un afamado pintor chileno. O un desconocido autor de obras  de un pueblo fantasma en el desierto de Atacama. Ese cuadro cuelga ahora en mi estudio en Valby, Copenhague. Me lo regaló mi madre como reliquia en vísperas de mi partida hacia el Viejo Mundo.

Ha colgado en decenas de viviendas en España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y, ahora aquí, en el reino de Dinamarca. En sótanos iluminados por velitas de navidad o visitados por arañas en rincones húmedos de Barcelona. Desvanes llenos de luz invernal y ventanillas sin vidrio en las estepas de Laponia, donde vientos gélidos me consolaban en las  madrugadas. O en una habitación de algún castillo medieval en el sur de Francia

¡Leiva Gallardo, mi alma! Este cuadro es inmortal y ahora, en la que espero sea mi penúltima morada, lo admiro con la misma fruición con que lo hacía en mi infancia.

Un día decorará las paredes de mis hijas. O descansará en una tienda de cachureos en el Puerto Viejo del reino danés. O junto a los polvorientos diarios de vida de Hans Christian Andersen, o de los cuadernos angustiados de Søren Kirkegaard y la ya anciana estatua de La Sirenita.

Anoche soñé que yo estaba afirmado contra una pared de la casita de adobe. No había brisa y un sol tibio de septiembre calentaba mis huesos. Un jinete avanzaba hacia mí por el camino de tierra. Se detuvo a mi lado y me dijo "Buenos días, caballero. Leiva Gallardo para servirle..." Me tendió una mano arrugada como la corteza de los álamos. Descendió del caballo, y de su morral  sacó pinturas, pinceles, una paleta de pintor, un atril y una tela blanca. Y se dispuso a pintar.

Una casita blanca de adobe, un camino de tierra, álamos, la Cordillera de los Andes al fondo y un jinete a la distancia.Y el cielo azul virgen con nubes casi transparentes.

Cuando terminó, me entregó el cuadro. Guardó los utensilios en su morral, montó y me hizo una señal con su mano. Y se alejó tan lentamente como había llegado.

Ahora aquí en mi estudio, ya despierto, tengo dos cuadros idénticos de Leiva Gallardo.


Tomado de Espacio Latino

martes, 23 de octubre de 2012

POEMAS DE EXILIOS Y SOLEDADES


Dibujo de Sidsel y Helene Welden.




EL VIAJE
Expulsado de mi hábitat natural por mala conducta
me colgué del ala de un triste avión nocturno
cuando los ángeles de la guarda estaban distraídos
por la terrible muerte del presidente de la República.

Sin un centavo en mis bolsillos agujereados por palabras traidoras
atravesé cordilleras ariscas y océanos despóticos
en cuclillas y con las manos en la nuca
hasta llegar desesperanzado a mi destino El Gran Mundo Viejo.

Aquí caminé siglos por calles anónimas y ajenas
sin encontrar un rincón donde descansar mis huesos
revolcándome en alcantarillas infectadas por ilusiones
y desayunando viejos vientos cansados y ecos de conquistadores.

Trepé por el mapamundi cual araña profesional
comenzando cayendo y volviendo a comenzar
lamiendo a hurtadillas a mujeres multicolores
y sudando pesadillas históricas en faenas inútiles.

Y aquí estoy ahora aún caminando
escuchando a veces los suspiros de mi país
a través de colosales hilos de fibras virtuales
sin tener idea de como terminará esta historia.



EL BESO ROBADO

Caminando por una mañana de sol
en un país que hasta entonces no había existido
con mi soledad incrustada en mi mochila
y los hombros encaramados en mis orejas
para fingir agresividad y bravura
me encontré de pronto con un ángel
que me hechizó y robó un beso.

El beso duró hasta la noche
a orillas del Canal de la Muerte
donde el ángel me sonrió dulcemente
me robó mi mochila con todos mi recuerdos
y emprendió vuelo con sus poderosas alas de vampiro.


LA NÁUSEA
Mis viejas consignas y creencias
ya olvidadas en alguna maleta
entre los escombros de mi país
vienen a penarme esta noche
entre tantos libros releídos
y vueltos a releer.
Entre tantas esperanzas ya cansadas
agonizando en la mesa y en el piso.
Tanto proyecto inconcluso
cuentas por pagar
bosquejos de rostros perdidos
en las servilletas amarillas
e intentos desesperados
por cambiar el mundo.

Las envejecidas fotografías en mis paredes
lloran desconsoladas sus soledades
mientras que todo acude a mi boca
de súbito
y no alcanzo a sorprenderme
cuando la náusea se torna violenta
y todo esto queda maravillosamente vomitado.


ÉXODO
Y se van por los caminos infértiles
las silenciosas almas de los exilios
expulsado de su tierra sagrada
por el omnipotente déspota de turno.

Y caminan en busca de un sueño humilde
techo árbol sombra y agua
un minúsculo trozo del planeta
donde hacer germinar una vez más
la verdes quimeras y el pan de maíz.


MONÓLOGO DE UN PADRE
Para Helene y Sidsel


Llegaron de prisa a un mundo extraño
donde habían volantines y helados de frutilla
pero también muecas amargas en el viento
y seres recogiendo migajas
en los basureros silenciosos.
Se encontraron con un padre singular
que reía y cantaba y a veces lloraba
y proveía un techo cálido
e infinitas noches de ausencia.
La madre era laboriosa
y las alimentaba con su leche dulce
en los crepúsculos eternos.
Vivieron el desastre de su planeta
una fría madrugada de invierno
y comenzaron a desconfiar para siempre
del  viejo pascuero.
Ahora las veo escalando montañas
cruzando puentes y caminos ocultos.
A veces hay goteras oscuras en sus frentes
que yo ya no puedo secar
o sonrisas secretas en sus corazones
que tanto quisiera compartir.



LOS NIÑOS DE LA SABIDURÍA

Descifran el misterio de la vida
a los pocos días de su llegada al mundo
y dan cátedras acerca del Universo
desde su pequeñas cunas blancas.

Tienen el asombroso talento de reír
cuando deberían llorar de amargura
y derraman lágrimas de impotencia
ante la ignorancia de sus maestros.

Aman con un amor tan poderoso
que son incapaces de traiciones
y en tiempo de dudas y derrotas
buscan consuelo entre ellos mismos.

Son agredidos por bestias al acecho
seres oscuros que hieden a cobardía
dejando imborrables heridas de interrogación
en sus transparentes cuerpos y almas.

Saben con certeza que existen los ángeles
porque vuelan con ellos en parques y plazas
y construyen fabulosas obras de ingeniería
a orillas de los grandes océanos del planeta.



LA MARIPOSITA
Para Sidsel


Y finalmente te encaramaste a la vida
atrevida mariposa de invierno
escudriñando somnolienta los últimos tulipanes
que sobreviven caprichosos en la nieve.

Pero elegiste los dorados veranos
para desplegar tu alas multicolores
succionarle todo el néctar a la existencia
y bañarte en sus seductores rocíos.


LA CREADORA
Para Helene

Abrió la puerta y se encontró con el mundo
redondo arisco giratorio
y en el absoluto centro del Universo
ella.

Miró y escuchó
y lo encontró todo bueno
y se aventuró por carreteras y bosques
bendiciendo con su dulce espíritu nuevo
los milagros y los sorprendentes acontecimientos
de la vida.

Sin temor tocó las estrellas
el oscuro vientre de los mares
los rostros multicolores de sus semejantes
las montañas perezosas
los inquietos y diestros animales
y al séptimo día descansó.



ESPACIOS

Cuando miro hacia afuera
hacia la vida de las ciudades silenciosas
a las siete de la tarde
veo pequeños espacios en los objetos
formas de aire
que interrumpen el lógico vaivén
de las líneas de la existencia.
Es ahí en esa ausencia de átomos
donde están tus manos, tus ojos
tu volumen delicado.
Los árboles son medios árboles
en este invierno tan lleno de vacíos.
Las estatuas no alcanzan a completar sus contornos
pues ahí aparece el molde de tu rostro.
Los cables telefónicos
no pueden transmitir sus mensajes urgente
interrumpidos por tu risa que no está.
Las palomas se posan en los huecos
que han dejado tus pechos y tu vientre
y yo camino con gran cuidado
evitando caer en el agujero del olvido.


EL PIC NIC

La silenciosa línea
de la vida de tu mano
se posa sobre la hierba
de este prado silvestre.

Es verano
bajo este árbol generoso.

Sacamos cada uno
de tu cesto de mimbre
un pancito horneado por ti.

Bebemos vino tinto
entibiado por el sol.

Vuelan aves de tantos colores
e intenciones
y una brisa perfecta
espanta a las moscas.

¿Qué más podemos desear de esta vida?



LA PETICIÓN
Trátame bien
trátame amablemente
con cuidado y consideración.
Háblame suave
como si yo fuera
el guardián de tus secretos.
Mírame de frente
como si fueras una gacela oliendo un trébol.
Vivamos en la tranquilidad
como una tarde de verano
donde seres alados
susurran en los árboles.
Cuando me encuentre en la oscuridad
sujeta mi cara entre tus manos
y dime
"Todo está bien.
estoy aquí para apoyarte.
estamos aquí para apoyarnos".
Seamos ingenuos y sensibles
como el lobo de mar.
Y sabios y humildes
como el pastor de ovejas
para que cada vez nos miremos a los ojos
no tengamos miedo
de lo que vemos.



MISS UNIVERSE

Sin saber qué hacer con su sorprendente belleza
camina tambaleándose y pintada de mona
por escenarios fatuos iluminados con mentiras
soñando con ser Señorita del Mundo
sin entender que nació con el título
Madre del Universo.



ESPERANZAS

La niña espera
silenciosa y solitaria
a que pase la vida
por su ventana.

La vida espera
silenciosa y solitaria
a que pase la niña
por su ventana.



LA DESPEDIDA

No hay humo
contaminación
ni un sólo átomo de polvo
rondando en su alma.

Ella está ahí
detenida
riendo
con la fuerza del Salto del Laja
llorando
como las profundidades la Minas de Lota.

Mi pequeña gacela
luciérnaga.

Amor alado
brisa.

Caricia de fuego
adiós

Una búsqueda de amor
muriendo en el camino.

Una tenue ilusión
en la nieve primaveral.