sábado, 15 de septiembre de 2012

TU MANO EN LA VENTANA DEL TREN


     Dibujo de Ian Welden, Copenhague 1995.©

"Y QUIERES VIAJAR CON ELLA.
QUIERES VIAJAR, CEGADO.
Y SABES QUE CONFIARÁ EN TÍ
POR HABER TOCADO SU CUERPO PERFECTO CON TU MENTE".


Leonard Cohen

Suzanne.

Me abría paso con los codos entre la gente, cuando apareció una mano por la ventana de uno de los trenes a punto de partir. Era una mano tranquila y anónima, blanca como una paloma mensajera elegante y sofisticada.

Sentí el impulso de tocarla. Y ese contacto de menos de un segundo me cambió la vida para siempre. Perdí mi tren y quedé en el andén, atónito, dejándome llevar y traer por la muchedumbre apurada, como un espantapájaros sin voluntad ni itinerario en mi vida.
Un soldado me sujetó del brazo.
"Usted! Yo lo vi. Le tocó la mano, ¿no?"
"No entiendo... Sí, le toqué la mano..."
"¡Lo siento mucho, señor!"
"¿Qué pasa? ¿Por qué lo siente?"
"Mejor váyase a su casa, señor. Puedo acompañarlo, si lo desea."
Era buena la idea irme a casa. Mi trabajo ya no tenía importancia. Nada lo tenía. Abandoné la estación de trenes y caminé tambaleante hacia El Café Ciré. Pedí un vodka doble y luego otro y otro. Me percaté que había perdido mi maletín con los contratos y cartas de mis clientes. No me importó. El dueño del café se sentó a mi mesa.
"Buenos días señor. Lo noto nervioso.¿La tocó?"
"Si... la toqué. ¿Qué sabe usted de todo ésto?"
"Entonces es  mejor que se vaya , señor..."
Entraron cuatro soldados en sus llamativos uniformes color naranjo con logotipo del Ejército Bancario Escandinavo (EBE). Portaban metralletas automáticas.
"¿Es usted quien la tocó? ¡Andando! Lo vamos a escoltar a su casa. ¡Por favor no resista, señor!"
Ya en mi casa, me tendí en mi sofá aún intrigado por la dueña de esa mano. Mi vida ha sido bendecida con muchos amores, pero ésto se introdujo en mi cuerpo y en mi alma como un virus. Y las circunstancias  hostiles de la dictadura más poderosa de la Unión Europea eran una barrera impenetrable, odiosa, en la vida cotidiana de los ciudadanos.
"Toqué tu mano en la ventana del tren. Un roce y has dejado tu señal en mí para siempre..."
Y me dormí profundamente.
A la mañana siguiente no me lavé ni afeité. Mi ropa estaba sucia y arrugada y hedía a transpiración y a alcohol. Me dirigí a la estación de trenes. Los guardias, al verme, hablaron secretamente entre ellos. Los ignoré y me acerqué a los trenes buscándola en cada ventanilla. Luché con pasajeros violentos para no dejarme arrastrar hacia la salida de la estación.  Insulté y abofeteé a cuanta persona se cruzaba a mi paso.
¡Mujer de la mano en la ventana del tren!", grité desesperado.  Perdí el equilibrio  y me golpeé contra el cemento del andén. Los EBE con voces amables, pero con sus armas clavadas en mi espalda me condujeron a su cuartel.
Sentado en una silla, lloré como un niño. Entró un viejo teniente acompañado de tres soldados.  Él me miró con simpatía y compasión.
"Señor Welden, me dijo el oficial, ¿qué podemos hacer por usted? ¡Mírese, por Thor! ¡Si parece un  indigente! Usted, un director de reputación mundial, intachable ciudadano e impecable en su moral, desde ayer se ha comportado como un adolescente enfermo de amor".
Uno de los soldados me golpeó la cara con la culata de su arma. Caí de la silla. Otro me levantó a puntapiés y todos me pidieron disculpas.
"Estoy confundido y no sé por qué estoy aquí. ¡Déjeme en paz, señor teniente! ¡Se lo ruego!"
"Por supuesto, señor Welden. Uno de mis hombres lo conducirá a su casa. Mucho gusto de conocerlo y recuerde, desde ahora lo vamos a cuidar como se lo merece..."
Los meses siguientes viajé  en cientos de trenes con la  esperanza de rozarle la mano nuevamente. Dormía algunos minutos en los bancos de las estaciones y subía al siguiente tren no sabiendo a dónde iba. Usaba mi escaso dinero en pasajes y comía de los basureros.
Los EBE me observaban  sin interrumpir mi conducta extravagante. Ni siquiera cuando corría por los andenes gritando "¡Mujer de la mano en la ventana del tren!¡Manifiéstate! Déjame tocarte...por favor..."
Aún desesperado, regresé a mi casa. Me duché, afeité y me puse ropa limpia. Volví  a subirme a los trenes, esta vez para rozar las manos de todas las pasajeras.
Habré rozado miles de manos de todos los tamaños, colores y edades durante tres semanas. Muchas  de las mujeres ya rozadas me reconocían y me saludaban con grandes sonrisas. Y debo confesar que en  mi obsesión y soledad, llevé a casa a algunas de estas mujeres  también solitarias, buscadoras no de una mano, como yo, sino de un alma.
El EBE apareció en mi casa un día en que, atribulado, quería poner fin a mi búsqueda con un tiro en la boca. El teniente y un soldado con metralleta vinieron "... a protegerlo de sí mismo con consejos y sugerencias porque usted es un suicida potencial y un peligro para la seguridad moral del país".
"Pero qué saben ustedes de mí, payasos ridículos, matones y asesinos!"
El teniente se sentó en mi sofá, encendió un cigarrillo y miró al soldado, sonriendo. Este, un joven gigantesco, me propinó una bofetada en la boca. Luego, me dio un beso en la frente y me dejó caer en mi único sillón.
"En el Ejército Bancario Escandinavo estamos preocupados, señor Welden. Sepa que le tenemos  respeto y cariño. No podemos dejarlo autodestruirse por culpa de su obsesión con esa mano. Le sugiero que se deje internar en El Hospital. Estamos al tanto también de su desastrosa situación económica y el Banco está dispuesto a hacerle un préstamo muy favorable. Considérelo, señor Welden, como una legítima preocupación del EBE por su bienestar y reputación".
Y se fueron.
Mi  necesidad por tocar, tan solo "tocar" esa mano y a su dueña eran ya insoportables. Pensé que tal vez el EBE tenía razón... Debía aceptar la ayuda que me  ofrecían. Ellos tenían sus macabras razones ideológicas pero yo había perdido la razón. Me interné.
Dos meses han transcurrido ya desde entonces y me siento como nuevo. No más "mano en la ventana del tren". He recuperado a mis viejos clientes y enriquezco de nuevo. He pagado el préstamo bancario y el EBE me ha dejado en paz.
Hoy tengo una entrevista  con el director del Ejército Bancario Europeo, y por fin, ahí viene mi tren. Me abro paso a codazos entre la multitud de conmutadores. Me siento al lado de una mujer que lee el periódico. Ella se vuelve hacia mí.
"¡Creo que has andado buscándome!"
Y me tendió la mano.

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viernes, 14 de septiembre de 2012

ESTA VIENE A SER COMO LA CUARTA VEZ QUE ESPERO.... INGRATO!






Fotofrafía y collage de Ian Welden 

» Carmen Martín Gaite  (1925-2000) Novelista española

 4
Una esqueleta vestida con una túnica negra, despechada y solitaria viene a la Isla del Olvido a gritar con furia  "Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero... Ingrato!".
Desde la otra orilla, la Isla de la Soberbia, no hay respuesta. Ingrato ya no está.


3
La alquimia de la pasión y del odio engendró en su alma un feto enfermizo y
venenoso. Aún minúsculo, una célula.

2
La primera vez que la mujer fue a la isla a rogarle compasión a Ingrato, estaba convencida de
de que volvería a ella. Le enviaba mensajes de amor en botellas de cristal,  barquitos de papel y señales de humo. No lo comprendía. Un amor que debería haber durado años.
Se había vestido de blanco cual novia virgen. Se había cepillado el cabello mil veces y lo adornó con claveles. Cantó El Himno a la Alegría pero Ingrato no escuchaba. Estaba muy lejos con otra mujer y ella lo percibía en su corazón.
Despechada, desató una tormenta de nieve sobre la Isla de la Soberbia. Sorprendida ante su  poder, tramó más venganzas para la próxima vez.


1
La siguiente vez, llegó desnuda a su isla . Su cabello larguísimo y negro flotaba en el aire. Llamó a Ingrato y se sentó en la arena a esperarlo en vano. Sintió la soledad en los huesos y lloró las pocas lágrimas que le quedaban.
Esperó así diez años. No durmió ni se alimentó y su otrora bello cuerpo parecía ahora un esqueleto amarillo y polvoriento.
Pero conservaba con mucha fuerza su amor por su hombre y su poder sobre el agua, la tierra, el aire y el fuego. Y desató con violencia estos elementos sobre la Isla de la Soberbia, dejando  destrucción por doquier.
Ingrato, al otro lado del planeta, se remeció en su acto sexual y perdió su potencia. Su nueva mujer, decepcionada, lo ridiculizó y abandonó para siempre.
En la Isla del Olvido la mujer sonrió por primera vez en tantos años.


0
La penúltima vez, la mujer llegó a su isla vestida como adolescente. Una falda corta, calcetas negras hasta las rodillas y anteojos de sol. Cantó viejas canciones rock mientras fumaba marihuana. Llamó a Ingrato con una voz lánguida..
Sus vestimentas colgaban de sus huesos como en un ropero. Se percató de su imagen patética. Nada seductora.
Al cabo de cincuenta años sentada en la arena, causó un terremoto grado ocho en todo el planeta y volvió a su casa a dormir cien años.
Ingrato, al otro lado del mundo, sufrió las repercusiones del sismo. Cayeron sobre él toneladas de restos de edificios, carreteras, letreros luminosos, animales... y murió..


El final
Una esqueleta vestida con una túnica negra, despechada y solitaria  viene a la Isla del Olvido a gritar con violencia "Hoy viene a ser como la última vez que te espero... Ingrato!".
Desde la otra orilla, la Isla de la Soberbia, no hay respuesta. Ingrato  no está más. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

LA VENGANZA DE LA PALTA


  ARENA y CAL 
Islabahia.com
Andalucía
España
Europa
 Brazos amigos 
Revista Literaria y Cultural Divulgativa
Portada 169 Libro de visitas


  Milagros en Valby
LA VENGANZA DE LA PALTA (*)

por Ian Welden (Copenhague, Dinamarca)

Hacía tiempo la venía contemplando. Estaba ahí en la vitrina del mercado entre otras frutas y verduras, verdecita y madurando tranquila como una adolescente en celo. Finalmente decidí comprarla. Ya en casa, la ataqué desesperado con un cuchillo de cocina.

Planté la semilla  en un macetero y la puse al sol en mi ventanal junto a mis tres soberbios cardenales rojos.

Al mes brotó un tallo minúsculo e ingenuo. A los dos meses ya tenía pequeñas hojas.

A los tres meses se había transformado en un bella planta de un metro de altura.

Ha transcurrido un año y, ahora, me arrepiento profundamente de haberme enamorado de ella.

La monstruosa criatura no me deja caminar por la casa. Ha invadido todos mis viejos rincones. Devoró a mis amados cardenales. Sus raíces se arrastran por mis pisos, mis muebles, mi cama y mis mantas. Debo dormir a la intemperie de pie en el balcón.

Y acumula arena polvo y tierra. Mi alfombra está cubierta de hierba silvestre y han brotado nuevos árboles. Pequeñas manadas de búfalos, jirafas y leones pastan en mi cocina.

Dos diminutos seres humanos, un macho y una hembra, deambulan por un jardín exótico y muy hermoso. Están totalmente desnudos. Él es alto y tiene músculos muy abultados y visibles.

Su cuerpo está cubierto entero por vello oscuro. Ella es pálida y frágil y su figura voluptuosa es coronada por una cabellera larga y dorada como los rayos de su diminuto sol.

Hay nubes de vapor en el techo.  De ellas surge  una  voz de trueno que le habla a la pareja en  tono severo, y en un idioma desconocido para mi.

Extrañamente la pareja se alimenta de frutas y verduras pero jamás se acercan a un manzano que crece en el centro del jardín cargado de deliciosos frutos rojos como rubíes.

Parecen no conocer el fuego ni tener noción de la muerte. Son como dos niños candorosos y juguetones.

En el manzano vive una serpiente que se dirige constantemente a la mujer. Da la impresión de que intenta seducirla. El hombre no se ha dado cuenta de esta situación.

Las fieras y los humanos, las aves y los peces -porque también ha aparecido un pequeño océano en este singular mundo en mi departamento- viven en plena armonía. No son agresivos y curiosamente parece que todos son omnívoros.

Yo observo esto ahora atrapado en mi buhardilla.

Los humanos se han acercado al manzanito y se ha establecido un diálogo entre ellos y la serpiente.

La hembra saca una fruta, come de ella y se la entrega al macho. Él termina de comérsela.

¡Oh! El cielito se oscurece y hay minúsculos truenos y relámpagos y se escucha la voz severa desde las nubes. Los humanos corren despavoridos y se ocultan tras una frondosa higuera.

La voz se transforma en un rugido casi animal, como el de un padre desobedecido y encolerizado.

Otro ser humanoide con pequeñas alas blancas y una espada de fuego en sus manos persigue a la pareja y los obliga a marcharse hacia un vasto sector árido y hostil. Van llorando.

El ser alado se instala en la entrada del jardín y hace guardia devorando a una hermosa palta.

Y planta con sumo cuidado la semilla en la tierra.

(*) Palta: Aguacate (nota del editor)





martes, 11 de septiembre de 2012

LA REBELIÓN DE LOS MILAGREROS





Nadie sabe realmente quién construyó el castillo de el Bosque de Søndermarken de Valby. Ha estado siempre ahí en un rincón , solemne, erguido cual monumento poderoso, sagrado y respetado por todos. En él se reúnen los milagreros de la célebre Calle Larga a contarse sus secretos profesionales, a celebrar la navidad, la llegada de algún nuevo miembro al grupo o, simplemente, a compartir momentos agradables.

En tiempos de tristezas, conmociones sociales y persecuciones políticas, el castillo siempre ha sido usado por los valbyanos como refugio generoso y protector. Quien entra por sus imponentes portones de hierro y bronce recibe la tranquilidad y el descanso necesarios para defenderse de sus perseguidores o continuar su justa lucha desde ese bastión impenetrable.

Así ha ocurrido muchas veces en la historia de la Calle Larga de Valby y así ocurre hoy en que escribo estas palabras de emergencia para que el mundo se entere del extraño fenómeno que está desarrollándose aquí en el otrora apacible reino de Dinamarca.

Los milagreros y sus familias y amigos se han encerrado en el castillo y amenazan con jamás volver a milagrear si es que las autoridades no dejan entrar a los cientos de colegas que esperan asentarse en este país.

En efecto, hombres y mujeres de Afganistán, Iraq, el Congo, Dafur, China, Guantánamo, Arabia Saudita, Colombia y muchos otros lugares del mundo se aglomeran ante las rejas del reino como almas ante las puertas de San Pedro, esperando recibir permisos de residencia y trabajo. Son los "miracle makers", como se hacen llamar.

Las autoridades los clasifican de "inmigrantes ilegales" y la ministra de Integración declaró ayer en el parlamento que bajo ninguna circunstancia estos "payasos" serán admitidos como fuerza laboral. "Sólo vienen a reunirse con esos locos de Valby para causar líos e insubordinaciones en el sector".

Desde el castillo, los milagreros han respondido enviando a miles de palomas multicolores hacia los techos del Parlamento para defecarlo con mojoncitos azules, rojos, verdes, blancos y amarillos. Turistas y transeúntes entrevistados por la televisión danesa en el centro de la capital señalan que "De toda Europa, solamente Dinamarca tiene un parlamento con tan bellos colores".

El Primer Ministro, en un discurso torpe y agresivo transmitido por cadena nacional, hizo un llamado a la Guardia Real a "...preparar sus nobles armas y la logística necesaria para desalojar a los insurgentes y demoler de una vez por todas ese castillo que tan sólo ha sido un símbolo de insurrección y odio a través de los siglos..."

Mientras tanto en Valby las calles están vacías. No hay enamorados besándose en la plaza ni viejitos tomados de la mano comiendo helados. Los padres y sus niños y bebés se han encerrado en sus casitas y departamentos y los perros y gatos brillan por su ausencia. El discurso del Primer Ministro ha sido un insulto deliberado a los valbyanos, amantes de sus tradiciones y orgullosos de el castillo protector que tanta seguridad y asilo les ha ofrecido en el pasar de las generaciones.

En medio del caos y confusión, la reina Margrette II, adorada por sus súbditos, ha ofrecido una palabra de esperanza y tranquilidad, invitando a una comitiva de los milagreros a su palacio a participar junto al Primer Ministro y la ministra de Integración, en una "conversación por la reconciliación". Agregó además que "...disfrutaría mucho ser entretenida por uno de esos milagritos de que tanto hablan..."

"¿Milagritos? ¿MILAGRITOS?", gritaron enfurecidos los milagreros. "¡Nosotros le vamos a mostrar UN milagrito!".

En las rejas del reino, los "miracle makers" han visto su oportunidad. Hoy declararon oficialmente a la televisión danesa que "...el no ser invitados a la conversación de reconcliación es un desaire de Su Majestad hacia nosotros..." y que "...estamos considerando muy seriamente la posibilidad de retornar a nuestros países de origen..."

Su Majestad, al escuchar esto, sonrió diciendo tranquilamente "...que vengan entonces...¡qué entretenido! Mientras más mejor!".

Y así, todos los milagreros y amigos y familias junto a los enamorados y los viejito tomados de la mano comiendo helados y los padres y madres con sus niños y bebés y los transeúntes habituales de la Calle Larga de Valby han hecho una formidable peregrinación hasta las puertas del Palacio Real. Aquí se han juntado con los cientos de "miracle makers" y han sido dirigidos por el mayordomo de la reina hasta la Sala de Honor donde Margrette II, el Primer Ministro y la ministra de Integración los estaban esperando con té y galletitas.

Mientras tanto salieron de sus escondites los fantasmas del Bosque de Søndermarken y tomaron posesión del castillo para defenderlo en caso de traiciones. Dice la leyenda que estos seres etéreos, en vida, fueron los verdaderos arquitectos y constructores del célebre monumento, y que darían sus viejas almas por él, muriendo definitivamente.

Como era de esperar, la situación se ha complicado en el Palacio Real. Federaciones estudiantiles y sindicatos de trabajadores más cientos de turistas y gente de la calle han entrado al palacio recorriendo las diversas habitaciones, subiendo y bajando y vagando por los pasillos, admirando los muebles y las pinturas de la soberana como si se tratara de un museo. Vendedores en trajes blancos y gorritos de cocinero ofrecen a gritos sus hot dogs y burgers mientras que pandillas de jovencitos criminales cometen asaltos a mano armada.

Evidentemente la conversación de la reconciliación se ha transformado en el altercado de la enemistad. El Primer Ministro renunció a su cargo y ha abandonado el país por la puerta trasera. La ministra de Integración ha sufrido un ataque al hígado por comerse todas las galletitas. Y Margrette II, con su dulce sonrisa habitual, subió tranquilamente a su Rolls y se fue a visitar a sus familiares en Andorra.

Los "miracle makers" acaban de hacer una nueva declaración a la televisión danesa: "...y en vista del caos y el anarquismo de este extraño país, declinamos nuestras peticiones de residencia y trabajo y por favor, ¡DÉJENNOS SALIR!"

A medidas que la serena tarde va cayendo sobre el reino, los diferentes grupos también se van retirando del palacio. Los turistas han declarado "...es una nación muy peculiar, muy entretenida, y volveremos el próximo año a visitar a vuestra simpática reina".

Los milagreros valbyanos ya han regresado tranquilamente a el castillo y los fantasmas guardianes a sus tumbas. Los viejitos y viejitas nuevamente caminan por la Calle Larga de Valby tomados de la mano y comiendo helados. Los enamorados se besan en la plaza y los padres y madres pasean con sus niñitos y bebés.

Y el castillo aún está ahí, donde siempre, como siempre, inamovible. Y creo que es justo decir que los milagreros hicieron su "milagrito".
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Publicado en Espacio Latino