martes, 6 de diciembre de 2011

INSTRUCCIONES ALIENÍGENAS


Naces solo y mueres solo,
y en el paréntesis
la soledad es tan grande
que necesitas
compartir la vida
para olvidarlo.
                 Erich Fromm.


Sentado aquí mirando hacia la calle
encuentro mis mensajes deshaciéndose en la lluvia.
Puedo ver tan largo que pierdo la cordura,
puedo ver tanto que pierdo el significado de la vida.
De todas maneras me canso de vivir
en bolsillos subalquilados.
De mirar hacia afuera
y recibir mi lluvia, mi sol y mi aire
a través de los ojos de cerraduras subalquiladas.
De observar a la luna
saliendo desde basureros subalquilados.
Porque merezco algo mejor,
toda la vida lo único que he hecho
ha sido decir OK y quebrarme la espalda
acarreando mensajes desconcertantes en mi Ipad.
Perdiendo la cordura tratando de comprender y efectuar
mensajes alienígenas.

A veces te veo, ¿sabes?
Bicicleteando por las calles de la ciudad
tu pelo un desastre, tus ojos apagados.
Generalmente te veo cuando el sol se está poniendo
y entonces me doy cuenta de lo mucho que he perdido.

Sin embargo, rara vez tengo suficiente tiempo
para echarte de menos como yo quisiera.
Problemas tediosos causados por gente tediosa
siempre me mantienen corriendo y bajo fuego.
Intentando llegar a lugares
siendo empujado y empujando.
Asistiendo a reuniones sin sentido.
Estresando mi alma y cartereándome
el poco tiempo que me queda.
Pero hay momentos
en que puedo descansar mi cabeza
en algún asiento del autobús
y el desgarro del dolor me alcanza
mientras que afuera el mundo sigue rotando.
Todo, todos, todo está perdido.

¿Sabes que a veces te veo durmiendo en algún tren
o volando por encima de una iglesia?
Generalmente te veo cuando mi mundo se está desmoronando
y entonces me doy cuenta y despierto.


Collage de Ian Welden, Copenhague 2010.

lunes, 5 de diciembre de 2011

LA ESPERANZA NUESTRA DE CADA DÍA



Me desperté por la mañana con una reacción alérgica en la piel. Mi piel reseca como un viejo roble  mostraba profundidades de volcanes a punto de entrar en erupción.

Me dirigí al consultorio de mi doctora. La Avenida de los Álamos estaba llena de multitudes agresivas. Serían como las ocho y llovía con saña sobre mi barrio de San Gabriel. Debía llegar al sector céntrico de Santa Lucía. Hombres y mujeres jóvenes con maletines de cuero de cocodrilo y  se abrían paso a codazos para llegar a sus escritorios y sus computadoras.
Uno de ellos  me abofeteó el rostro y una mujer hermosísima me gritó y  escupió  porque yo no le podía dar la pasada .
Los ciclistas distraídos con sus celulares atropellaban a niñitos incautos. Estos propinaban puntapiés a los cochecillos de las guaguas. Jóvenes madres golpeaban a su vez a los escolares con sus paraguas.

Logré colgarme del autobús. El chofer condujo a través de la ciudad frenando a
propósito para que los ancianos perdieran el equilibrio y se golpearan. Los ancianos a su vez azotaban con sus bastones a los inmigrantes y estos vandalizaron el autobús y lincharon al chofer.
Me alejé del vehículo en llamas y subí a saltos las escalas del consultorio. La sala de recepción estaba atestada de seres monstruosos y agresivos. La mayoría eran hombres adultos que vociferaban sus dolencias, defecaban en el piso y destrozaban los muebles.
Temeroso, entregué mi tarjeta plástica del seguro social a la recepcionista. Me preguntó descortésmente cual era mi problema. Se me había olvidado la razón de mi visita al médico. Ella  insistió a gritos y yo le mostré mis brazos resecos, dándome cuenta de que la alergia ya había invadido mis mejillas, ojos, boca. El dolor era insoportable y mi sangre formó una poza en el piso. La secretaria me obligó a lavar  los suelos de la clínica.
Horas después, la doctora, una mujer joven y hermosa, me recibió a empujones. Sin revisarme me lanzó una receta (Locoid 1% -emulsión) y a empellones me expulsó de su despacho.

Con mi ropa ensangrentada salí por fin a la Calle Santa Lucía. Ancianos deformes se abrían paso con sus pequeños coches eléctricos, derribando a los transeúntes. Sus ojos eran blancos y sin vida, sus bocas sin dientes llenas de espuma amarilla.
Perros salvajes me clavaron sus dientes al subir al autobús. El viaje de regreso a San Gabriel duró cinco horas, cuando habitualmente demoro una. El autobús lo ocupaban soldados con pasamontañas negros y ametralladoras. En las solapas de sus uniformes verdes de combate llevaban la insignia de una calavera rodeada por un sin fín de estrellitas blancas.
Desesperado, llegué a una farmacia  por medicamento. Mis mejillas explotaban como pequeñas bombas suicidas. El farmacéutico, un enano jorobado y tuerto, se negó a atenderme con el pretexto de que yo era una persona indeseable. Intenté increparle su comportamiento cuando entró un sargento con cuatro soldados. Me abofetearon, me esposaron y me sacaron a la calle a puntapiés.

La Avenida de los Álamos había sido ocupada por algún ejército extranjero. Hileras de cadáveres quemados yacían por doquier y gente corría perseguida por las metrallas de los soldados invasores. Bombas destruían hospitales y colegios.
El sargento me empujó contra una muralla y me gritó, con su revólver clavado en mi estómago: "Dame nombres, hijo de puta! ¡NOMBRES!". Me introdujo el arma en mi boca ensangrentada y apretó el gatillo. Escuché una explosión, vomité y desperté sobre un montículo de viejos, mujeres, niños y guaguas. Algunos estaban totalmente quemados y otros, como yo, quejumbrosos y agonizantes.
Logré avanzar desapercibido entre cadáveres, soldados psicóticos, hordas de refugiados e incendios s hasta mi casa.

Y ahora, estoy aquí, oculto entre los escombros de mi hogar. Lamo mis heridas y siento mucha pena por mí mismo. Sin embargo y a pesar de todo, muero esperanzado, mientras mis poros se han abierto.  De ellos surgen plantas vitales, flores multicolores y árboles robustos. Y, lo mejor,  millones de  hombres y mujeres jóvenes, hermosos y descontaminados.

Montaje fotográfico "SE VENDE UNA GUERRA": Ian Welden, copenhague 2001.

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domingo, 4 de diciembre de 2011

MADRE MADRE

MADRE MADRE
Para Lina Robeson




Te veo ahí en la madrugada solitaria
joven aún cual estatua recién esculpida
guiñándole a la luna como siempre
con tus recuerdos y tus sueños
en tu vieja bolsa de plástico.
Tus hijas e hijos paridos con tanto dolor
se ganan el pan de cada día
mientras tu les secas con tu alma
los espesos sudores de sus frentes.
Madre madre del vientre hospitalario
dame de tu ungüento mágico
para aliviar mi noches febriles.
Madre madre de la sonrisa eterna
exorcista de pesadillas y catástrofes
desarraiga nuevamente mis temores.
Mujer formidable de los pasos cordilleranos
sazona mis alimentos con tu paciencia
dame tu mano sabia y firme
para cruzar las calles de la vida
y enséñame a atrapar una vez más
las eternas estrellas inalcanzables.

Fotografías y montajes fotográficos de Ian Welden. Copenhague 2005 y 2011.

jueves, 1 de diciembre de 2011

LA REALIDAD ES INCONFUNDIBLE

No se puede mentirle a los niños.
Sus preguntas requieren
respuestas honestas: cuando
un piedrazo te hacen saltar
los dientes en el camino,
cuando el techo se hunde
por la tormenta, cuando
el hijo cae al canal mugriento,
cuando el hermano te clava
su garras en tus espaldas,
cuando las cosas,
todas las simples cosas
como el amor, la amistad,
un paseo, un juego,
te salpican el rostro
con su ácido sorpresivo, mortal,
no, mi niño, no, no, no,
los ángeles de la guarda
no existen, tampoco
el viejo pascuero.
No tengamos la menor duda:
la realidad es inconfundible.

Arte visual por Ian Welden, Copenhague 2005.

Del Poemario EXILIARIO
Copenhague-1975

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martes, 29 de noviembre de 2011

FIN DEL EXILIO

El sexo sin amor sólo alivia el abismo que existe
entre dos seres humanos de forma momentánea.
                                                    Erich Fromm.

Por fin
encuentro a mi país.
Ya no hay
problemas de pronunciación
y la ortografía
fluye suave.
Alcanzo tu boca
con mi mano izquierda
mientras jadeas y salivas
sobre mi roja bandera.
Paseo mi lengua
por tus fronteras
mientras me observas hacerlo
con tus ojos entrecerrados.
Me revuelco
en tu tierra
y tus aguas
y desciendo a tus minas
con el idioma que tengo
entre mis piernas.
Y proclamamos
con alaridos de placer
el delicioso acto
de unidad entre dos pueblos.

Dibujo de mi autoría. Copenhague, barrio de Valby 2001.


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domingo, 27 de noviembre de 2011

DEMOLICIÓN

Estas viejas torres mías
             se desmoronan
                   finalmente.

El cielo se ha quedado para siempre
                              fuera del alcance 
                                de mis ventanas
                                          y puertas.

Escombros que agonizan son malos compañeros
                                                              entonces
las palomas también han huido.

Viejos días celestes dibujo en el aire
                desde mis humos y polvos
   y en la triste grieta que es mi boca
            comienza a juntarse la lluvia.

Arte visual de mi autoría. Københan 2002.

Del Poemario EXILIARIO
Copenhague-1975
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PALABRA MÁGICA

Para mi corazón basta tu pecho
para tu libertad bastan mis alas,
Pablo Neruda.

Caminamos por calles
que son ajenas
y la noche
y las luces
de un país lejano
nos llevan
nos traen
pero no nos tocan.
Jugamos
con las sombras
de nuestras manos
en la pared
bajo el mapa
y somos pájaros
y somos flores
mirando
hacia la misma dirección
como dos torres.
Y me abrazas
para dormirte
con la palabra mágica
escapando de tu boca
como una lágrima:
¡Chile!

Poema de mi poemario inédito EXILIARIO, Copenhague 1975.

Dibujo LA ESPERA de mi autoría. Copenhague 1997..

viernes, 25 de noviembre de 2011

BITÁCORA DE UN PUEBLO FELIZ


Después de la leche con miel
salimos al corral
y liberamos al último caballo alado.
El miércoles por la noche
encendimos la fogata
y en ella aparecieron
dragones del Tucúquere
pequeños como los dedos pulgares
de una adolescente inca.
El jueves, nada especial,
tan sólo vagar por el parque
y admirar las estatuas de piedra
que nadie sabe quién construyó.
El sábado bailamos hasta el cansancio
al ritmo de las estrellas
y al llegar la madrugada
nos tendimos sobre la hierba
para registrar en nuestros cuadernos
los segundos que transcurren
entre la puesta de la tímida luna
y la violenta salida del sol.
El domingo fresco y temprano
horneamos pan de maíz
y luego fuimos a la plaza
donde el alcalde nos contó el cuento
de la aparición del primer árbol
en la mitad de la Calle Principal.
En la noche del domingo
expulsamos a todos los amantes de la violencia
y nos dispusimos a cenar maquis y piñones.
Cantamos canciones mapuches
y nos fuimos a acostar emparejados.


De mi poemario inédito EXILIARIO, Copenhague 1976.
Dibujo/Collage de mi autoría. Copenhague 1997.
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UN MARTES CUALQUIERA

La formidable tonelada de un martes
se deposita sobre mi espalda.
Desde lejanas cabinas telefónicas
indago las misteriosas razones
de mi prematura indigencia.
Acudo puntual, bien pulido
y con mi mejor camisa
a las eternas citas
de la Asistencia Social
pero nunca hay asilo
tregua o espacio
para un hombre fuerte y sano
que ha cumplido los sesenta
pero incapaz de mimetizar sus alas
al color del acero, del hormigón armado
y a la competente voracidad de esta jungla.
Tantas preguntas huecas
desde el otro lado del escritorio
y tantos números de identidad
reemplazando mis manos y mis ojos
en las límpidas pantallas de Windows.
Y cuando este martes
reposa sus teclados sobre el horizonte
me voy a descansar a la plaza de la esquina
y a observar a los tiernos niños
con sus zancadillas y bofetadas,
sus tanques y sus misiles.

De mi poemario inédto "EXILIARIO", Copenhague 1976.

Dibujo "LOS NIÑOS DE LA MUERTE" de Ian Welden. Copenhague 2005.


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miércoles, 23 de noviembre de 2011

PASAJEROS EN LA NIEVE


Hemos clavado
nuestras banderas provisorias,
hemos traído nuestras maletas
y colchones,
nuestros dibujos
nuestro verbo
y nuestra música
a este país blanco.
Hemos ido criando
nuestras bacterias subdesarrolladas
y de cuando en cuando
lanzamos una piedra hacia el sur
con la esperanza de romperle
una ventana a nuestros verdugos.
Por las mañanas
vamos en patota
al hipermercado
y confundimos el alimento para perros
con nuestros añorados porotos
y se nos enredan las manos y los pies
en las flamantes escalas mecánicas.
¿Qué es una cordillera?
Me preguntaba mi hija
mientra lengüeteaba su soft ice
y yo no supe qué responderle
mientras introducía monedas
en el refrigerador electrónico.
De vez en cuando
nos llamamos por teléfono
para preguntarnos por la salud.
De vez en cuando
nos juntamos a conversar
mientras que afuera ya oscurece
y los días se transforman
en ingeniosos proyectos jamás realizados
y las noche en sueños abortados.



Arte visual del poema por Ian Welden, Copenhague 1977.