
Dibujo collage de Ian Welden.
Nuestra casa ya no es un hogar. Es una morada pasajera y de tránsito. Cuando llegas del trabajo, cierras la puerta de tu cuarto y enllavas tu corazón.
Yo entro a mi cuarto, pero luego salgo a merodear por la cocina, el baño y el pasillo; últimos espacios comunes de esta vivienda. Pero todo es caos y ruinas.
En tus planes misteriosos no hay signos del amor que dices haberme tenido. Luces como una felina que pule sus garras, embelleciéndose para asistir a un encuentro furtivo.
Cosméticos y porcelanas que no vi antes me sonríen con burla desde tu velador. Te pregunto cosas. intento rasguñar tu superficie de cristal water proof para averiguar tus propósitos. Tú me contestas evasiva, mirando a través de la ventana a tu cómplice, la ciudad de Copenhague.
Cuando me pongo a llorar, impaciente tratas de consolarme como si yo fuera un niño.
Te vas y tu olor queda atrapado en tu cuarto
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Cuántas veces he vivido ésto que vivo ahora. Tu desdén me golpea y lloro como si mis ojos fueran una llave de agua oxidada. Nuestros objetos de porcelana y greda chilena vibran soledad pero llenos de tu presencia tácita.
De súbito regresas porque has olvidado el número de teléfono de tu nuevo amante.
Tu naturaleza ha terminado por estallar en guerra total contra la mía.
Busco tregua, paz y rendición.
Pero tú me castigas sin piedad por todos mis flancos.
No pudiste adueñarte de mi alma, ahora te ensañas en mi dolor..
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