viernes, 4 de mayo de 2012

PECADOS VENIALES Y PECADOS MORTALES




 

Son las cuatro de la madrugada aquí en Valby, Copenhague. Arranqué por la Calle Larga buscando a algún ser humano, pidiendo auxilio. La calle estaba desierta y oscurísima y me perseguían los fantasmas encolerizados de mi padre, mi abuelo, el cura de mi infancia, mi profesora, mi médico de cabecera y el policía de la esquina...

"Confiesa, hijo de perra!", me gritaban.

Busqué refugio en el Café Ciré donde Piérre, el dueño francés, me escondió entre el tumulto de bebedores asiduos, alegres fantasmas y milagreros felices. John F Kennedy y Marilyn  me  ofrecieron refugio pero fueron interrumpidos por el magnífico fantasma de Sitting Bull quien con una letanía indígena me puso su cielo de los espíritus a mi disposición.

El guerrillero chileno Manuel Rodríguez me ofreció refugio en su guarida y Mao en la vieja muralla China.

No tuve tiempo de aceptar sus ofertas pues un borracho pero sonriente Federico García Lorca me puso una mano en mi hombro diciéndome "Ven conmigo, viejo, ahí de donde vengo no hay fantasmas sino ángeles. nadie se atreverá a perseguirte, ni siquiera los cerdos negros que asesinan a corderitos blancos".

Justo en ese momento irrumpieron los fantasmas como jabalíes salvajes y tuve que escapar espantado por la puerta trasera del café.

Ahora, oculto en mi casa, tiemblo de terror y de frío. Todos esos seres monstruosos golpean mi puerta y en mis ventanas. Está oscuro y faltan aún cinco horas para que amanezca. Mi teléfono no funciona y los vecinos están de vacaciones. Me siento  solo y vulnerable.

¿Qué  querrán que confiese? Mis pecados han sido todos veniales y si se me olvida algún pecado mortal, será porque jamás los cometí.

"¡Confiesa, hijo de perra!", insisten encolerizados.

Confieso que me avergonzaba de mi padre cuando iba a visitarme al colegio, borracho. También debo confesar que lo sorprendí varias veces limpiándose las huellas de lápiz labial para que mi madre no lo sorprendiera.

Confieso que le robé cinco centavos a mi abuelo mientras dormía la siesta. Confieso también que oculto tras la puerta de la cocina, lo vi amenazando a Marta, la niña de la casa, para que se acostara con él so pena de perder su humilde trabajo.

Confieso que le mentí al sacerdote en la confesión cuando me hizo la eterna pregunta: "¿has tenido malos pensamientos o deseos sucios?" Pero yo confieso que lo vi manoseando a un pequeño niño en la sacristía.

Confieso que le hice trampas a mi profesora en un examen de matemáticas. Pero yo confieso además que la vi seduciendo a un joven alumno en el gimnasio de mi colegio.

Confieso que me hice el enfermo ante mi médico de cabecera para no tener que ir a clases. Pero el mismo médico intentó violar a mi madre una noche en que hizo una visita a mi casa porque yo volaba de fiebre.

Confieso que mientras el policía de la esquina me estaba dando la espalda, crucé la calle con luz roja. Pero a él lo vi torturando con su pistola de servicio a un  viejo vagabundo.

Pensé ingenuamente que mis confesiones los calmaría, pero me equivoqué.

Ahora estos horribles seres quieren derribar mi puerta, entrar por las ventanas e incendiar el techo de mi casita de madera.

Grito "¡Mamá!" con todas mis fuerzas y se produce un silencio divino. Como por arte de milagro la hermosa figura de mi madre aparece en mi dormitorio haciendo desaparecer a los enloquecidos fantasmas.

"No te asustes hijo del alma; es solamente una pesadilla".

Despierto sudando. Ella pone su mano en mi frente constatando que tengo fiebre.

"Estás enfermo. Voy a llamar al médico".
"Mamá, ¿dónde está mi papá?"
"No sé hijo, aún no ha llegado... Tú sabes que siempre regresa muy tarde".
"No llames al médico, mamá ¡Por favor...!"


Arte visual de Ian Welden.


Publicado por REVISTA LITERARIA ARENA Y CAL ESPAÑA
http://www.islabahia.com/arenaycal/2010/168_febrero/ian_welden168.asp

miércoles, 2 de mayo de 2012

RIMPEL Y NUDEL



Paseo peatonal Copenhague, Ian Welden, 2004


Uno de los milagros más asombrosos que he visto fue la aparición de Rimpel y Nudel en mi ropero cuando era joven en Santiago de Chile. Era el año 1970. En mi cuarto, tocaba mi guitarra, tratando de componer una canción. Era junio y el frío del invierno se filtraba por la  ventana abierta. Llovía a cántaros.

Abrí mi ropero para sacar un sweater y en él  habia un camino de ropa que se perdía en la distancia y dos seres que avanzaban hacia el horizonte.

Asustado, cerré la puerta del ropero y sali a caminar  bajo la lluvia. Se me ocurrio una canción: "Necesito caminar
entro a la fría Catedral
busco un rinconcito pa' echar mis huesos
sentarme a descansar..."

Aún impresionado, volví a mi cuarto y toqué la canción con mi guitarra - la nota SOL era la más apropiada y abrí el ropero nuevamente.

¡El camino de pantalones, camisetas, ponchos y ropa interior aún estaba ahí! Pero esta vez los dos seres saltaron desde el ropero y se sentaron a mi lado en mi cama. Eran pequeños humanoides, no enanoides sino humanoides. El uno me dijo voz de tenor -yo me llamo Rimpel. ¡Mucho gusto!
Y el otro agregó con una muy suave voz de soprano -y yo me llamo Nudel. Mucho gusto también, Ian-.

Me estrecharon la mano y yo murmuré un -"mucho gusto" también... pero cómo... por qué..?-

Rimpel vestia una chaqueta azul larga hasta sus rodillas. Pantalones rojos pata de elefante, botas negras caracoleadas en la punta y un sombrero negro. Y Nudel una camiseta blanca con un dibujo móvil que cambiaba de tema a cada segundo: un galeón pirata, una sirena, una culebra, el rostro de una mujer maravillosa... Sus pantalones eran hasta las rodillas y usaba suecos blancos. Ambos lucían barba y bigote cafés y cabellos negros hasta los hombros.

Eran flaquisimos, huesoides, y me llegaban hasta la cintura.

Rimpel me dijo con su acento de la región chilena de Magallanes -Tú te las dai e músico. Escucha...-
Y tomó mi guitarra y me cantó con su voz de tenor:

"Necesito caminar
ando por el Parque Forestal
doblo
la Alameda se ha puesto un traje
de tarde eléctrica..."

Y Nudel me dio la parte B de la canción con un sopranísimo andante en mi menor:

"Lejos cerca quizás donde
Se encuentra ese mar
Se encuentra el agüita que me ha de regar..."

Se levantaron, hicieron una reverencia y desaparecieron por el camino de ropa. Jamas los volví a ver. El ropero volvió a ser un ropero clasic.

Hoy aqui en Copenhague, septiembre 2008, son las tres de la madrugada. Hace una hora sentí golpes en mi ventanal que da a la calle. La abrí y entró un ser que yo había visto en alguna parte.  Era alto y flaco, cabellos blancos hasta las rodillas, barba y bigotes idem, un sombrero de cowboy rosado, terno y corbata negros, y descalzo.
Me dijo con una voz impresionante de bajo -Hola Ian, ¡tanto tiempo! ¿ No te acuerdas de mi? Me llamo Rimpelnudel. Venia a ver si terminaste la canción...

Publicado en Revista Internenes España.
http://internenes.com/index.php?module=recursos&func=jugar&grp=cuentos&id=13070




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EL ÁNGEL



Los ángeles me  han  cuidado desde que estaba en la cuna. Allí  me sonreían  y cantaban. En mi infancia, cuando los profesores me castigaban y yo lloraba en un rincón, un ángel me consolaba. En mi juventud y en mi vida de adulto han estado conmigo ante circunstancias difíciles.

En el siglo pasado me internaron en el Hospital del Reino, aquí en Copenhague.  El dolor de estómago era intenso y los doctores me  dijeron que era cáncer en el intestino grueso. Las dosis de morfina calmaban mi dolor y me permitían dormir.

La primera noche alguien me despertó con caricias en mi cabeza. Y una voz me llamó -Ian, Ian... Soy la doctora de turno. Te sientes muy enfermo, no? Déjame tocarte el estómago. ¿Te duele aquí? ¿Tienes miedo?- Sentí que esa doctora era muy especial, ¡Me acarició la cabeza! Contesté que sí, me dolía y tenía miedo de que fuera un cáncer. Ella afirmó -Te vamos a llevar a radiología, y yo te doy mi palabra de mujer que NO ES CÁNCER.

En radiología me quedé dormido. Tuve alucinaciones con esa doctora cariñosa. ¿Quien sería? La segunda noche en el hospital  desperté con una mano en mi cabeza y una voz tranquilizándome -Ian, soy yo de nuevo, la doctora de turno. Disculpa que te despierte. Necesito tocarte de nuevo el estómago. Tienes una infección en el intestino grueso y te van a operar. No tengas miedo porque el cirujano es experto y además yo voy a estar cuidándote-. Vi su rostro sonriéndome y sus dedos recorrieron mi barba y mi cabeza. Su cabellera larguísima, rubia, y sus ojos celestes como el cielo. Vestía de blanco como todo el personal del hospital, pero también como un ángel... Jamás olvidaré este rostro, pensé. Y me dormí. La operación constató que no era cáncer. Y me fui recuperando.

Sentí que el amor por esa doctora  me trastornaba. Investigué en el hospital y la respuesta fue "No ha habido mujeres doctoras aquí en la noche. Han sido alucinaciones causadas por la morfina..." Pero yo sabía que esa mujer me asistió cuando temía morirme. Y que, en realidad, no era doctora.

Relegué en mi memoria a mi doctora y llegamos ya al siglo XXI.   

Esta madrugada, mientras caminaba por mi barrio, un automóvil se detuvo a mi lado. Lo conducía la doctora, mi ángel. Me dio una canasta con frutillas  y un enorme beso en mi boca. -¡Te dije que no era cáncer, Ian, adiós, nos vemos!- y desapareció en su auto por las calles de Copenhague, del mundo, ¿del cielo?

Fotografía y diseño de Ian Welden. Copenhague

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Publicado por Revista Arena y Cal, España.

http://www.islabahia.com/arenaycal/2012/193_mayo/ian_welden193.asp

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lunes, 30 de abril de 2012

LA CASONA DE MI MARIPOSA





Tanto capullo tibio
ha quedado abandonado
en la vieja casona
desde que mi mariposa voló.
Tanto silencio muy callado
dormita en los rincones heridos.
Las ventanas lloran
las escalas se enredan
los goznes gimen
la chimenea se estremece de frío.
Afuera en el triste jardín
las flores se niegan a perfumar
los árboles murmuran cansados
canciones de nidos vacíos
mientras que yo espero y espero
vestido con mis mejores telas de arañas
el regreso de mi amada mariposita

Fotografía de Ian Welden.

sábado, 28 de abril de 2012

LA NANA






                                                      Dibujo/collage de Ian Welden. 2000.


"Iancito, no mires para atrás, no vale la pena."
En memoria tuya, María Soto Luna, donde quiera que estés.

De las húmedas entrañas del sur de Chile brotó la Nana
suave y silenciosa y sumisa entregó su vida a los patrones.
Levitaba por la gran casona barriendo, siempre barriendo
y una triste noche de invierno simplemente murió... sin querer.
En su lápida en el Cementerio General se lee:
"No mires para atrás, no vale la pena".
Ella era de hueso
por razones de idiosincracia política.
Y a puro y simple ñeque y corazón
acarreó al niño ajeno en brazos
hasta que se hizo hombre.
Y luego murió desolada
en alguna tumba perdida por ahí.

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lunes, 23 de abril de 2012

EL OFICIO DE VIVIR



     Ian Welden, San Baudilio del Llobregat, Barcelona 1994.

"El hombre - de todas las edades y culturas - enfrenta la solución de un problema que es siempre el mismo: el problema de cómo superar la separatidad, cómo lograr la unión, cómo trascender la propia vida individual y encontrar compensación".
Erich Fromm, El Arte de Amar.

Una madrugada súbita
violenta y poderosa
me despertó con una sonrisa displicente
este día inservible
en el que por obligación
debo vivir una vez más.
Y vivo entonces
no teniendo otra alternativa,
por las solitarias líneas férreas
vagabundo inútil
alma en pena
perro apedreado
cristo crucificado y sediento.
Vivir es una pérdida de tiempo.
Debería utilizar mis preciadas horas
cuidando un rebaño de ovejas
en las praderas de Venus.
Bailar jubiloso rock & roll
en el arcoiris de la luna.
Cantar romances
en las puertas del paraíso.
Domar fieras sonrientes
ahí donde el universo comienza.
Sin embargo sigo mi ruta cotidiana
mi obligada bitácora de la existencia
y cada segundo es una broma
y cada broma una triste realidad.


martes, 17 de abril de 2012

DE INDIGENTES E INSURRECCIONES




En verano la luna rueda en su vientre
y su hambre se hace nostalgia.
Los semáforos tricolores
en las desordenadas esquinas
se reflejan en sus ojos
y la sirena de una ambulancia solitaria
le hace acordarse
de la sombra de su madre.
Pero como nunca le han gustado
las gélidas y grises tumbas
ni los austeros cementerios
da un paso errante
y se extravía entre las multitudes
de la vieja ciudad trastornada.
Dios existe se dice sonriendo
y estira su mano herida
por las discordias de la vida
para recibir la primera chaucha del día.
Al llegar la noche hay cambio de guardia
y el sol le entrega las llaves
a la violenta autoridad de la oscuridad
quien instruye a las tropas del país
en el arte de destruir castillos de arena
e instaurar violentas dictaduras
que prohíbe almas como la suya.
Su tarrito de aluminio
y las exiguas monedas
con la efigie del dictador de turno
resiste con un poderoso tintineo
y se le suman bellos espíritus
cada cual con sus familias al anca
tarareando el himno de protesta
de todos los indigentes del mundo.


Fotografía de Ian Welden.

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lunes, 16 de abril de 2012

LA VIDA SIMPLEMENTE




Esta madrugada gloriosa y celeste
pienso en mis amadas cordilleras
pintadas de oro por una loca luna de verano.
Mi profundo y amistoso hogar
lleno de sol, colores y voces.
Mis dulces huellas eternas
en el jardín de juegos de mi infancia.
Mi madre cálida y sonriente
con su aroma a pan recién horneado
y sus frescas flores en la mesa de la cocina.
Los secretos y placeres de mi amante,
las sinceras risas de mis amigos,
el excitante vapor de mi comida y mis condimentos,
y la emocionante simplicidad de llorar y reir
en mi propio, viejo y noble idioma castellano.
La conmovedora y alegre promiscuidad de mis vecinos
entrando y saliendo de mi casa en las tardes somnolientas.
La audacia de los niños en sus columpios multicolores.
Los paseos de los viejos tomados de la mano
bajo un arcoíris silencioso.
Las almas de mis muertos bailando en el infinito universo.
La densa bruma que se disipa para siempre de mis ojos.


Dibujo de Ían Welden Robeson

miércoles, 4 de abril de 2012

AMOR DE PORCELANA





"Si nada nos salva de la muerte
al menos que el amor nos salve de la vida".
Pablo Neruda.


Con la ceguera mortal de Río Mapocho
cuando va de paso por el Cajón del Arrayán
nos entregamos la promesa de complicidad total.
Como quien deposita una flor blanca
en el altar del Dios de la Verdad
ante todo seríamos amigos
porque la ventana absolutamente abierta
de la noble amistad
evitaría que nos devoráramos
ante nuestra propias narices.
Todo lo demás se daría por añadidura.

Pasaron los días del temor a tocarnos.
Encontramos el paraíso
en el laberinto de nuestros cuerpos.
Nos contamos los secretos más recónditos
de nuestras libidinosas naturalezas
y hoy nos enfrentamos el uno ante el otro
desnudos a no poder más
escudriñándonos nuestras almas
con recelo de gendarmes.

Pequeñas manitos, almas queridas, fotos familiares
de días felices y otros fantasmas
se precipitan sobre nuestras conciencias.
El Gran Dedo Índice combate a muerte
nuestra osadía sin precedentes
de abandonarlo todo por una pasión de porcelana.
La incógnita total del nuevo país blanco
cristaliza en la boca tu aliento.
En torno al amar o al no amar
giran nuestros dolorosos remolinos
y sobre nuestra piel revolotean los años.

Pero considerando todo lo aquí expuesto
y estando dispuestos a pesar de todo
a comprobar nuestra teoría del Viejo Mundo
¿de qué otra materia sino del verbo amar
se construye la idiosincracia de este edificio?




Composicion gráfica de Ian Welden. Copenhague 2012.
Poema escrito en Santiago de Chile en el año 1980.

domingo, 1 de abril de 2012

DARDOS


Arte visual de Ian Welden



Pon atención
a estas simples palabras
que brotan desde mi alma
esta madrugada sin ti.
Son palabras de amor
sin raciocinio ni gramática.
Te llevo entre mis manos
como a un cántaro de greda
que le sonríe al sol.
Tan delicada
es la presencia de tu desnudez
en este momento mío.
Te llevo entre mis labios
como a una hojita de alhelí
así de profundo es tu aroma
que me llega avasallador
desde tus senderos crepusculares.
Te escribo indisciplinado
con la esperanza abierta
sin orgullos ni pretenciones.
Pon atención mujer misteriosa
y recibe en tu corazón
estos dardos untados en ternura.