sábado, 8 de diciembre de 2012

LA VIDA TERMINA CON UNA ESPERANZA-Con mucho amor, para mis hijas Helene y Sidsel


Photo
Fotografía y diseño gráfico de Ian Welden, Copenhague.




Queridas amistades, conocí a la protagonista en mis años de juventtud en Santiago de Chile. Su espíritu de lucha a pesar de su invalidez me dio una lección de voluntad y amor por la vida. Mi congoja ante su suicidio siempre la llevaré, en mi alma. Su increíble inteligencia la acompañó desde muy pequeña haciéndola comprender su pasado en el útero de su madre, su presente atormentado y solitario y su futuro planificado hasta el más mínimo detalle.

Comparto con ustedes su ejemplo de entereza y  su quiebre final. El quiebre que la privó para siempre de esa vida que adoraba pero que terminó por traicionarla.

Ian Welden,
Copenhague.


INVIERNO
El hielo puede derretirse 
La nieve puede gotear
 
Pero nuestro amor jamás morirá.
 
Es invierno.

PRIMAVERA 
Flores de la tierra
 
Nacen
 
Y desperezan sus largos cuerpos.
 
Es primavera.
 

VERANO

El tiempo es cálido
 
Hermosamente cálido
 
Sobre un valle un lecho dormilón.
 
¿Vuelas, mi mariposa?
 
Es verano
 

OTOÑO
 
El otoño no existe.
 

Sidsel Welden,
doce años de edad 

INVIERNO
 

¡Miren dónde y cómo nací! Paralizada desde la cintura para abajo, en una casuchita insignificante cual pecado venial y con una madre solitaria como una estrella desvelada en la madrugada. Pero éste estado de conciencia prematura que he heredado de la humanidad; estos billones y billones de genes ancestrales que se han revolcado en mí desde mi gestación como un nido de víboras hambrientas me causan pánico y estupor.
Sé exactamente de dónde vengo, hacia dónde voy y por qué.
Yo esperaba belleza y riquezas. Gatear por los pasillos de una mansión misteriosa en un vestidito de seda blanca bordado con hilos de oro y plata Bailar pasos de ángeles en palacios lujosos ante las ovaciones de príncipes hermosos y las muecas envidiosas de princesas desplazadas por mi talento y mi belleza. Haber sido concebida con los talentos de una bailarina loca y atrevida, hermosa y ágil como una pantera blanca en celo. Pero, sobre todo haber nacido ingenua e ignorante.

"Duérmete mi guagua,
duérmete mi amor
duérmete pedazo
de mi corazón..."

Es mi madre quien me canta. Es bella, acostumbrada a ser amada y golpeada por los hombres y a transpirar en las fábricas de las enloquecidas ciudades asimétricas. Me parió con Gran Dolo,r como dice la Biblia
Mi padre desapareció para siempre por ahí, sin jamás haberse ganado el pan con el sudor de su frente. Ella me alimenta con un líquido blancuzco, espeso y levemente dulce que brota de sus pechos aún jóvenes y diestros.
Nos miramos a los ojos y una ternura  enigmática nos hace sonreír.
"Toma leche, guagua, toma mi amor, abre tus ojitos que salió el sol"
Me lleva en brazos a la ventana pero el sol es tan sólo un mito. Hacef río y lloro de dolor e impaciencia. Mis piernas no pueden protestar, patalear, y aún no puedo traducir mis pensamientos en palabras. Sin embargo, ella los entiende.
"Mamá, me da miedo la vida. ¿Qué será de mi cuando mueras? ¿Tendré que arrastrarme por las calles dejando una estela de excrementos tras de mí como los caracoles?"
"Hija, no tengas miedo. Yo estaré siempre contigo, te lo juro".
"Pero, ¿cómo puedes jurar semejante cosa? Vas a morir antes que yo..."
"No, hija mía."
Mi madre ya lo sabía.

PRIMAVERA
Llegué a otra primavera. Prima Vera... Vera Prima... y puedo gritarlo con mis siete años a cuestas. Qué hermoso y brutal es todo. Intrigante. In- tri- gan- te... puedo escribir en mi cuaderno. Y mi madre me ha enseñado a contar las sílabas, los granitos de arroz, las estrellas. Me arrastro como una foca por entre las malezas del potrero y descubro cosas fascinantes. La actividad de las hormigas se parece tanto a la de nosotros los humanos. ¿Seré humana? Mas bien podría ser una sirena con mis piernas inútiles colgadas a mis caderas. Mi madre me dice que pienso demasiado. Que me voy a volver loca. Ella usa la palabra "e lu cu brar".
"Ya estás ahí elucubrando de nuevo, chiquitita. No vale la pena".
Cuando al amanecer se va a trabajar, viene la vecina, que a la vez es mi madrina. Su hijo Gaspar de doce años de edad me lleva a pasear por la Avenida en mi coche de guagua. Nos reímos mucho. Tiene como yo la habilidad de poner las cosas en perspectiva.
"Avenida..."
"Ave nida..."
"El ave hace un nida!"
"Nida, ave!"
"Si no nidas te mato..."
Envidio sus piruetas y sus carreritas. Me voy a casar con él y me llevará por el mundo con sus músculos incansables. En brazos, como a una novia eterna. En algún verano fértil quisiera bailar para él. Un baile sereno ante un público en éxtasis. Pero a veces me siento muy enferma. No puedo comer y la vida me parece simple y triste. Pierdo mis fuerzas y no puedo arrastrarme. Mi madre llora y trata de consolarme. No hay dinero para llamar a un médico ni para comprar medicinas. Gaspar no es capaz de iluminar ese túnel oscuro y misterioso que tanto temo porque tanto me atrae.
"Déjame, Gaspar. Quiero estar aquí sin lucidez, por favor".
"No, niñita porfiada! ¡La vida es maravillosa! ¡Tú eres maravillosa! Sal de ahí..."
Me tiende una mano pero yo no quiero alcanzarla. Quiero caer y caer para ver qué hay al final. Tal vez no hay un final. Tal vez sí. Mi madre me toma la temperatura
. "Estás volando de fiebre, hijita mía. ¡Qué hacer! ¡Dios mío!".

VERANO
Despierto en un verano a los catorce años de edad. Mi madre ora a mi lado. Se ve marchita y muy cansada Gaspar ya no está más. Mi madrina me sonríe y me dice que su hijo se casó, como disculpándose. Lloro y me sorprendo pensando en el cochecito de guagua.
"Mamá, ¿dónde quedó el cochecito? ¿Quién me va a sacar a pasear por la Avenida?"
"¡Hijita mía, Dios ha escuchado mis oraciones! Si deseas pasear quiere decir que estás sanita!"
"Mamá, no sé si habrá sido Dios o el Diablo, pero me siento triste y muy sola, como siempre".
Mi madrina me trae una viejísima silla de ruedas. Una reliquia de los tiempos de su abuela, dice. Y salgo a la Avenida con mi corazón apretado como una piedra. Extraño a Gaspar y la horrible realidad de que jamás bailaré para él, de que jamás bailaré en mi vida, cae sobre mí como una muy mala noticia.
La Avenida está maravillosa con sus llanuras verdes y sus edificios locos en éste cálido verano, pero mi alma está llena de amargura y resentimiento. A pesar de mi temprana edad soy una mujer cansada como mi pobre madre. Mi extraña vida no tiene lógica alguna. Se me olvida que nací ya vieja un frío invierno hace catorce años. Lo comprendí todo demasiado temprano. El amor, el odio, los símbolos y las frágiles y temporales construcciones sociales y políticas de los hombres.

Me río a carcajadas. Tal vez debería ser candidata a la presidencia y no una pobre aspirante a bailarina con piernas de trapo. A veces me miro en el espejo y me encuentro bonita. Mi pelo es negro y mi piel blanca, casi pálida. Mis ojos verdes sorprenden a la gente en las calles y los hombres a veces me dicen obscenidades que me agradan. Pero los niños huyen de mí espantados  y los perros vagos me ladran. Cierro los ojos y me imagino perseguida por multitudes que quieren colgarme de algún poste para escarmiento de otros inválidos pretenciosos como yo. Leyes son promulgadas con urgencia en el parlamento prohibiendo nuestro derecho a la existencia;  cadáveres  lascivos abren sus tumbas ofreciéndonos sus lechos helados. Me he traicionado. Me he dejado atrapar por mi condición de humana.
"Ya estás elucubrando de nuevo, hijita mía; ¡te vas a volver más loca de lo que estás!"
Mi mamá me ha instalado en el potrero bajo un sol que hierve de ira. Aquí suelen venir las palomitas de la paz a comer semillas y gusanos. Una de ellas tiene las alas quebradas y no me asombra ver que las otras la picotean y violan sistemáticamente. Y vomito. Vomito a Gaspar y a mi madrina y al cochecito de guagua y la silla de ruedas.
Ciudades enteras, planetas y galaxias caen por mi magnífico vómito final y regreso al túnel benefactor llevándome solamente a mi madre y a mis zapatillas de bailarina aferradas a mi alma.

OTOÑO
El otoño no existe.



Publicado por REVISTA LITERARIA AZUL ARTE CANADA

Publicado por REVISTA ISLA NEGRA ESPAÑA

viernes, 7 de diciembre de 2012

LA COLECCIONISTA



"Aunque camine por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno porque tú estás conmigo"
Salmos 23: 4




                   Fotografía y diseño de Ian Welden.©

La conocí una tarde húmeda cuando salía del Cine Andersen donde había visto una película polvorienta de Ingmar Bergman.
"Me duelen los huesos" me gritó y succionó su cigarrillo. La ignoré, pero ella no aceptó mi rechazo. Me siguió y me detuvo en una esquina donde los semáforos  lanzaban rayos multicolores al pavimento.
"Tú! ¡Me duelen los huesos! Haz algo, pues".
Su rostro groenlandés con sus ojos azules atormentados me vencieron. Me fascinaron.
"¿Qué quieres que haga?"
"Cómprame huesos nuevos. Tú pareces tener harto oro..."
"¿Eres puta?"
"¿Puta? ¡Ja ja ja! No. Soy astronauta. Estoy llegando del planeta Marte donde desenterré osamentas de marcianos que murieron hace millones de años. ¿Y tú? ¿Eres maricón? ¡Ja ja ja! Cómprame una cerveza, por favor".

El Café Ciré bullía de bebedores compulsivos, humo, transpiración y música de Lilly Allen. Nos sentamos a beber. Ella sumisa, me clavaba sus ojos húmedos,   con rimel esparcido por sus pómulos. Bebía su cerveza a sorbos pequeños, haciéndola durar, como si fuera whisky o coñac. Sentí la emancipación de la vejez en mi cuerpo desgastado. ¿O sería el descalabro de la poca juventud que me quedaba?

"¿Qué edad tienes, mujer?"

Como respuesta me mostró un documento a punto de deshacerse.
"María Jeremíasen, 14.12.80 -Uunuk, Groenlandia..."
"Si, a ver el tuyo?,
"Ian Welden, 14.12.48 -Santiago, Chile... ¡Hola, abuelito! Ja ja ja".
"Hola, hija... María..."

Algo ebrios subimos las escalas de un edificio que algún milagro mantenía en pie. La basura se amontonaba por los corredores sin luz y ratas y cucarachas se desparramaban despavoridas a nuestro alrededor. Sin embargo, un aroma a cilantro, ajo y frutas frescas recién cortadas nos acarició el olfato. Su morada consistía en un cuartito de una sola ventana con una cama en el suelo. El baño era un tarro de arvejas con etiqueta GREEN GIANT. Y un gigantesco ropero.

"Aquí vivo yo, viejo".
"Si, me doy cuenta".
"¿Qué te parece?
"Mal, pues!"
"Me imagino que tú vives en un palacio, ¿no?"
"No. Pero mi casa es distinta. ¿Tienes algo para comer?"
Sacó una lata de sardinas portuguesas, un pan rancio casi verde y se despojó de la chaqueta húmeda, los pantalones y la blusa. Tenía un tatuaje en un seno, SHHHH...Y cenamos sardinas saladas, con las manos y en silencio.

"¿Qué hay en ese ropero?"
"Osamentas humanas"

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Intuí que era verdad. Abrió las puertas del mueble y una cascada de huesos cayó al suelo. Calaveras blancas, amarillas y oscuras con sus clásicas sonrisas de piratas detenidos en el tiempo nos observaron curiosas entre las tibias, costillas, fémures y peronés. En el ropero había esqueletos balanceándose cual mimos blancos colgados de ganchos para la ropa. Observó mi  estupor y me hizo cariño en el pelo, tranquilizándome.

"No tengas miedo, viejito. No soy una asesina."
"¿Qué es todo esto?"
"Son seres marginados que me regalan los cuidadores de los cementerios de la ciudad. No, no estoy loca, abuelito. Fui estudiante de medicina una vez en Groenlandia. Entiendo que no me creas, por lo que soy ahora, una mendiga que pide huesos por las las calles de Copenhague."
"¿Y qué haces con ellos?"
"Los cuido, les hablo y les canto a la hora de dormir. Los lavo, los seco y los acurruco contra mi pecho. Los consuelo en las noches de tormentas.
"¡Pero aquí también hay quijadas de burros, de bueyes y cocodrilos!"
"Por supuesto. Eran sus bestias de carga, sus fuentes alimenticias... Tienen todo el derecho de estar junto a sus amos".
"¿Y así me dices que no estás loca!"

Guardó silencio un instante. Afuera de la ventana llovía con saña..

"¿Y qué haces tú con tu vida, señor tan cuerdo?"
"Era arqueólogo".
Su mirada burlona me hirió.
"¿Tienes nietos y nietas? ¿Una esposa guardadita por ahí en algún ropero?"
"Tenía una hija de tu edad, murió en un accidente. Mi esposa me espera en casa".

Me hizo tocar las osamentas y recordar esa textura tan particular, ese diseño  resistente al tiempo que los seres humanos con toda nuestra ciencia no hemos logrado imitar.
"Tú sabes mucho de esto, señor arqueólogo. ¿Te da nostalgia?¿ Ternura?"
"Siempre me impresionaba encontrar huesos en mis excavaciones. Huesos de dos o tres mil años o más, con restos de vestimentas bizarras. Seres llenos de pasiones, orgullosos, codiciosos, inteligentes o estúpidos reducidos a esta modesta materia que llamamos hueso".
"Sólo te falta decir: `to be or not to be ´... ¿También eres filósofo?"
"Hace un frío horrible, ¿por qué no cierras esa ventana?"
"Porque por ahí entran las almas de estos huesos a reconciliarse con sus muertes, pues, viejo loco. O no crees en el alma?"
"¿Alma?"
"Sácate la ropa mojada y métete aquí a la cama conmigo que te vas a resfriar, necesito a un padre esta noche".
Puso su cabeza en mi hombro, olía a peces y a osos polares. Acaricié su cabello inmundo. Yo necesitaba a una hija. La ventana permaneció abierta y nos dormimos en paz. Sin embargo, desperté sobresaltado a medianoche. Una multitud de hombres, mujeres, viejos y niños de diversas razas se hincaba ante María. Murmuraban al unísono algo que parecía una plegaria. Gente entraba y salía del cuarto como si fuera la calle principal de una gran ciudad. Por la ventana trepaban soldados con prisioneros vendados y esposados; del  ropero brotaban cadáveres, insectos y bestias salvajes que vomitaban refrigeradores, computadoras y televisores. Del techo descascarado surgió una mano que me sacó de la cama y me levantó en el aire con su dedo índice y pulgar, como quien retira una mosca de la sopa. Me depositó a la salida del Cine Andersen donde recién había visto una  polvorienta película de Ingmar Bergman.



Publicado por REVISTA CULTURAL ARENA Y CAL ESPAÑA
http://www.islabahia.com/arenaycal/2010/176_noviembre/ian_welden176.asp








LA PROCESIÓN


Milagro: LA PROCESIÓN
Ian Welden






Con mi amigo y vecino Niels Winter salimos ayer para tomarnos unos helados en el Café Ciré. Era una tarde cargada de púrpuras y rojos explosivos. Y la Calle Larga de Valby estaba poblada por milagreros, como de costumbre. Cuando entramos al café, Piérre, su dueño, nos saludó en francés y nos sentamos a degustar helados de palta con chirimoya.  
Durante la velada ocurrieron muchos milagros; entre otros, los fantasmas de John Lennon y Jimmie Hendrix cantaron "I cant get no satisfaction". Pablo Neruda recitó los versos del capitán. Pablo Picasso, pintó una réplica del Guernica en una muralla del café y aún otro Pablo más, Cassals, tocó una  melodía triste con su famoso cello. Federico García Lorca bailó un vals con Salvador Dalí. Desde el techo descendió Spider Man y de una bolsa extraía cáscaras de bananas y las lanzaba al piso causando que los bailarines -un gigantesco grupo de hippies y punkers- bailaran la resbalosa mi alma! 
Salimos a la Calle  y estaba oscuro como un funeral. Un murmullo avanzaba desde el centro de Copenhague hacia Valby. Niels me dijo -Creo que son los mendigos...--¿Los mendigos?--Si, creo que es la procesión de los mendigos... Admito que soy un novato de los milagros comparado con Niels. Yo tengo sesenta años de edad y él setenticinco. Yo viví la mitad de mi vida en Chile y él ha vivido toda su vida en la milagrosa Valby. 

Lo que presenciamos es casi indescriptible: Primero, billones de pulgas y piojos saltando sedientos de sangre;  lucían minúsculos uniformes rojos y sables dorados. Estos insectos eran, según Niels, la tradicional vanguardia de la  procesión. Terroristas pero inofensivos. Luego vinieron los quiltros afganos... ...una manada de perros rabiosos, vertía espuma verde por sus hocicos mientras gruñían.. A continuación, una manada de dragones multicolores, entre lenguas de fuego y cantaban "arriba los pobres del mundo", mientras avanzaban  por los adoquines de la calle. Luego avanzó un grupito del Ejército de Salvación danés. Muy  impecables con sus trajes azules e instrumentos musicales. Cantaban  aleluya aleluya benditos sean los mendigos del señor. -¿Qué señor?- le pregunté a Niels pero él me hizo callar con un shhh! Y a continuación, los mendigos. Una horda de humanoides  harapientos, hediondos a excrementos y basura, se azotaban entre sí con  tiras de cuero y cantando histéricos al son de La Bamba: -Una limosniiiiita. Una limosniiiiita por el amor a Dios que está arriba. Ay arriba y arriba soy un pobre mendigo... Y así. 
Todo este fenómeno se detuvo ante el Café Ciré.  Niels me dijo -ahora mira, Ian-Y Piérre se asomó a la puerta de entrada y de un bolsón  con un logo del Ciré, repartió pan mientras murmuraba para sí -Merd! Merd merd merd!..- El pan lo dio a los perros quienes lo devoraron en segundos y pidieron más. Luego, Piérre y los otros mozos del café sirvieron burgers  con cerveza a los mendigos. Niels me dijo -Ésta es una tradición. Servirle alimento a los perros y a lo mendigos es una inversión espiritual para Piérre. De esta manera las almas de los pobres mendigos,  ya nuevamente muertas, vienen al Café a proteger a Piérre- .-Pero, ¿por qué dice "merd, merd" ? A mi me da la impresión de que está enojado- pregunté, a lo que Niels me contestó como si fuera la cosa mas natural del mundo: -Porque es francés, pues, idiota.

La procesión se encaminó hacia el norte de Dinamarca, masticando burgers. Los perros hambrientos siguieron hambrientos y las pulgas los iban devorando a picotazos. Y desaparecieron. Al final sólo se escuchaba levemente el cántico del Ejército de Salvación -Aleluya, aleluuuuuuuuya...--Van a Suecia y a Noruega-  dijo Niels solemnemente. -Y después de detenerse en Finlandia, pasan a Rusia y de ahí vuelan al Universo para reaparecer el póximo año- Pierre y sus empleados comenzaron a barrer la calle y Niels y yo los ayudamos. Neruda, Picasso, Cassals,  García Lorca,  Dalí, Lennon y  Hendrix se dedicaron  comer burguers. Ahora estoy escribiendo esto en casa, rascándome las picaduras.
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jueves, 6 de diciembre de 2012

LA FRACASADA INVASIÓN DEL REINO DE LAS NIEVES EN BUSCA DEL SOL AJENO




1
Por ahí , donde tal vez comenzó el mundo algún día, en un reino en cuyas esquinas nocturnas se juntan los enfurecidos fantasmas de los toros a conspirar, existe una ciudad multicolor. La besa un mar oloroso a azahares y la alhajan caudales de banderas color mar y esculturas estrafalarias.  
Hacia el norte, ahí donde los hombres y las bestias construyen sus habitaciones sobre mares congelados, hay otro reino, embrujado por dioses milenarios que cuidan a una ciudad construida entera de nieve. El sol es  tímido como un canarito solitario. La luna,  agresiva como gata en celo, rasga  los siniestros nubarrones para asomarse al cielo y observar.
2
"Y lo único que puedo observar, estimados radioescuchas, es que los habitantes de esta Ciudad de las Nieves se reúnen todas las noches en los parques y estadios a beber cerveza Bud, comer burgers y ver DVDs de Britney Spears, medio muertos de frío. Esta actitud  ociosa de los súbditos ha despertado la legendaria ira de los dioses nórdicos. Odín, el presidente, ha llamado a sus colaboradores para conformar un plan de acción. Thor, el ministro de defensa, y Freya, la ministra de relaciones exteriores han acudido a Valhalla, el palacio presidencial, y han iniciado conversaciones urgentes..."
"Yo estoy aquí con mi micrófono en los jardines del palacio junto a otros periodistas de la televisión internacional y un inmenso grupo de paparazzis mientras el frío nos picotea los huesos. El sector está protegido  por un batallón de Jotuns, que son seres deformes, muy violentos pero nobles y querendones si se les trata con respeto. Y entre nosotros, las sorprendentes Valquirias, nos ofrecen hidromiel y canapés de pepino...".
"Señorita! Señorita Valquiria, por favor! Unas palabritas para Radio Europa..."
"Ay, si, cómo no! ¿Qué se te ofrece?"
"¿Cuál es su opinión en torno a la reunión  secreta del gobierno?"
"¡Pero si no es secreta! ¿No ves que aquí está lleno de humanos y seres mitológicos?"
"Si, pero... ¿qué es ese brebaje que usted y sus lindas colegas nos están sirviendo?"
"Es hidromiel, pues! Tranquiliza los nervios y te hace sentirte como en el cielo, sin preocupaciones! !Chao!"
"Hay expectación aquí, señoras y señores. Según fuentes extraoficiales, el gobierno de Odín está haciendo estudios geopolíticos con la intención de invadir algún país al sur del continente europeo. Sus colaboradores alegan  que la conducta de los súbditos la ocasiona un déficit de vitamina D, producida  por la falta de luz solar. Pero debo interrumpir mis comentarios ya que Odín,  acompañado por Thor y Freya, se va dirigir al reino a través de cadena nacional de radio y televisión mundial desde el balcón principal del palacio de Valhalla."
"!Súbditos! Ante el comportamiento inaceptable de la población civil de esta otrora maravillosa Ciudad de las Nieves, tomo medidas drásticas para detener la corrupción física y moral que amenaza las raíces de nuestra cultura y civilización. Y yo..."
"Hola... soy yo nuevamente, disculpen la interrupción, aquí entre las multitudes hay un grupo de niños y niñas que quiere hacer algunas preguntas a Odín. Les voy a prestar el micrófono."
"Odín, ¿qué quiere decir `otrora´?"
"¿Qué significa `medidas drásticas´?"
"Yo no entiendo esa palabra `corrupción´!"
"Habla más claro, Odín!"
"Señoras y señores, los peligrosos Jotuns avanzan hacia este sector. Es evidente que su intención es acallar a los niños y quitarme el micrófono! ¡Pero no! El magnífico Thor ha intervenido haciéndolos retroceder. Y Odín está hablando nuevamente. Escuchen por favor..."
"¡...los niños tienen razón! Voy a decir las cosas bien claras. Aquí en la Ciudad de las Nieves las cosas van mal y entre todos vamos a cambiarlas para bien. En el sur del continente hay un reino que tiene demasiado sol. Haremos todos una expedición a ese reino y se lo vamos a robar. Mis ancestros milenarios me han dicho que en esa ciudad existe una calle donde el sol duerme por las noches. ¡Ahí lo capturaremos!"
"Señoras y señores, escuchen ustedes mismos la formidable ovación. Los súbditos se han vuelto locos de alegría. Las valquirias y los jotuns saltan y se abrazan y Thor y la diosa Freya se  dan un prolongado beso. Tengo aquí a mi lado a Odín, quien me ha concedido una entrevista exclusiva".
"Señor Odín, muchas gracias. Dígame por favor, ¿cómo y cuándo se  organizará su expedición de conquista?"
"Bueno,  ahora mismo se van todos al sur, pues".
"Pero,  ¿cómo?"
" Como sea, pues, señor locutor. Tenemos pies, manos, caballos, hidromiel para los nerviosos, valquirias para los tristes y depresivos y jutons para los violentos y los rebeldes. Thor se encargará de las estrategias militares y Freya de las relaciones públicas con los sureños. Y tenga usted la certeza de que los fantasmas de mis antepasados nos proporcionarán el imprescindible milagro."
"Pero señor Odín, y usted ¿qué va a hacer?"
"¿Yo? Yo me quedo aquí, pensando".

3
 La fabulosa caravana de la Ciudad de las Nieves superó con creces a la ficción. Bajo un  cielo revuelto de nubes negras, ángeles y fantasmas, se arrastró por el anciano  Mar Báltico con sus barcos de guerra  infundiendo espanto a su paso. Antiquísimos reinos de lluvias y nieblas suplicaban piedad. Los montes Pirineos bajaron sus cabezas con humildad y le abrieron un camino en un gesto digno del Antiguo Testamento. Y  el cielo cegó a los invasores acostumbrados a vivir en las tinieblas.
Conmovidos por el  violento sol del sur, los  invasores elevaron cánticos, alabanzas y oraciones a Odín por su extraordinaria habilidad y visión. Thor lloró sangre y Freya la Mágica levantó sus brazos hacia el astro solar y le envió un beso para seducirlo. Pero el sol la desafió y con una llamarada le  quemó su célebre cabello de oro. Thor, legendario domador de truenos y relámpagos, levantó una colosal tormenta negra como la misma muerte para confundir al sol, pero este, impávido y cual dueño del Universo, la deshizo con un sola llamarada.
4
"Señoras y señores radioescuchas, la situación aquí ha cambiado radicalmente. La moral nórdica se ha desmoronado y los ministros de defensa y relaciones exteriores no saben qué hacer. Tengo aquí al  micrófono a Freya quien me ha concedido una entrevista exclusiva"
"Señorita ministra Freya, por favor, esto parece un desastre, ¿no?"
"¡Señor locutor, señores y señoras, pueblo mío! Jamás imaginamos que el sol de estas regiones sureñas sería tan hostil e inhospitalario"
"Pero señorita Freya, disculpe que la interrumpa, ¿qué van a hacer?"
"Vamos a... vamos a buscar la Calle del Milagro de la que habló Odín"
"Me cuesta  entender por qué usted, ministra de relaciones exteriores, aún no ha establecido contacto con los habitantes de esta hermosa Ciudad del Sol".
"¿Estos aborígenes salvajes, bárbaros?".
"Pero, señorita ministra, disculpe que insista en esto; ¿cómo sabe que son salvajes y bárbaros si aún ni siquiera los hemos visto?"
"Ya! Basta! Usted me está faltando el respeto señor... !Me confunde! Además estos sureños tienen unos idiomas incomprensibles!"
"En realidad, señores y señores, la situación es desesperante. Las Valquirias han bebido toda su hidromiel y vuelan como mariposas enloquecidas. Los  temibles Jutons lloran sin consuelo y los miles de súbditos exigen a gritos que les sirvan burgers mientras observan imágenes de Britney en sus celulares. Los paparazzis y los camarógrafos se han marchado  en busca de eventos más interesantes."
"Aquí tengo al grupo de niñas y niños que una vez tan sabiamente interrumpieron a Odín. Les voy a prestar el micrófono".
"¡Freya, Freya! ¡Los sureños están en la playa!"
"¡Si. Todos están en la playa tomando sol o durmiendo siesta!"
"No tienen ningún interés en nosotros!"
"El ministro de defensa Thor se ha encaramado a una de las peculiares estatuas de esta ciudad para dirigirse a sus compatriotas. Escuchen señoras y señores!"
"Súbditos, les hablo en nombre de nuestro magnífico presidente Odín. El ordena que encontremos la Calle del Milagro que está oculta entre muchas otras calles al interior de este extravagante laberinto de edificios y casas Ahí, según él, esta misma noche sorprenderemos al sol mientras duerme."
"Estimados oyentes, la insubordinación es total! Escuchen ustedes mismos..."
"¡Cállate, jetón!"
"¿Y por qué no vas tú con Freya?"
"No nos moverán!"
"El pueblo unido jamás será vencido!"
"Queremos burgers! Queremos burgers!"
"Queremos más hidromiel!"
"Vamos a la playa mejor!"
"Viva la vitamina D!"
"¡LA CALLE DEL MILAGRO NO EXISTE!"
"Estimados oyentes, les agradezco mucho vuestra atención y me despido de ustedes. Me voy al continente africano. ¡Adiós y buena suerte!".
5
Odín y Freya emprendieron el viaje de regreso a su Ciudad de las Nieves sin un sol que mostrarle al todopoderoso y vengativo Odín. Solos y derrotados escalaron las gélidas espaldas de los montes Pirineos y sufrieron las burlas y afrentas de los países de lluvias y nieblas que una vez sojuzgaron. Con su carga de deshonor, entraron temerosos a las aguas oscuras del mar Báltico quien se descongeló con ira  ante sus pasos. La maravillosa Ciudad de las Nieves, envuelta como siempre en su cielo negro y revoltoso los recibió en silencio. Odín, el estratega, se ocultó para siempre, en su solitario palacio de Valhala. Y la Calle del Milagro y la Ciudad del Sol están muertas de la risa, como siempre.
FIN
Fotografías de Alejandro Rosas, Valencia, Gandia, España


Publicado por REVISTA INFANTIL INTERNENES ESPAÑA
http://internenes.com/index.php?module=recursos&func=jugar&grp=cuentos&pag=7&id=12501

miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL ESPÍA INGENUO


Dedicado a Robinson Hakim, el mejor amigo que he tenido.
Ian.




                                              Fotografía y diseño gráfico de Sidsel e Ian Welden.

 Observo mi infancia desde mi vejez, como un capitán de barco ve las costas de un nuevo continente  desde sus binoculares.
 Yo amaba el mar y a mis diez años de edad fui a veranear con mi abuelo. Él me llevaba a las playas cercanas a la ciudad de Santiago, donde nací y crecí. Me fascinaba correr solo por la arena blanca cerquita de la reventazón de las olas. Me sumergía en las aguas frescas  para explorar el suelo marino en busca de tesoros.
Me iba a la playa por la madrugada. Los peces moribundos y las conchas de mar la barnizaban de colores pasteles rojos y pardos. Me agradaban el viento y la  monotonía del oleaje sólo para mi, era una experiencia mística.           

La pesca la realizaba con un hilo de nylon enrollado en un tarrito de nescafé, un anzuelo y un peso. A esas horas de la mañana los peces necesitaban su desayuno y yo los atrapaba con facilidad. Los disponía en hilera sobre las rocas y estudiaba con curiosidad el lento proceso de sus agonías.
 Luego las playas se iban llenando de bañistas con cremas solares, parasoles y anteojos ahumados. Radios y vendedores. Y lo estropeaban todo. Gritaban y jugaban a la pelota. Se atragantaban con sus sandwiches, sus pollos asados y sus huevos duros llenos  de arena y sus vinos y cervezas.
 El sol los freía mientras sus perros se posesionaban de las olas.  Luego se iban, dejando sus papeles de diarios, restos de comida y botellas vacías.
 Un verano fuimos al pueblito El Pirata. Su larga playa estaba rodeada por cerros de pinos y  rocas. Estas eran escondites ideales para jugar a Tarzán o Robin Hood. Lo mejor de todo era la ausencia de  otros veraneantes. El lugar era todo mío. O, por lo menos, así lo creí.
 Una mañana, me ocultaba de Aquaman en las rocas cuando escuché voces que venían desde la playa. Divisé a dos niños de mi edad preparándose para nadar. Uno era muy blanco, rubio y muy gordo y el otro de tez morena, bajo y flaco como una espiga.

"¡Apúrate, guatón, que el mar se va a secar!"
"No me cabe mi bañador!"
"¡Vay a tener que ponerte a dieta, guatón. Yo me voy a nadar, no más!"
"No, no! Espérame un poquito... Ya, estoy listo!"

Yo quería tener ese paraíso sólo para mi. Desmoralizado, regresé al hotel. Por la tarde, mi abuelo y yo pescamos en la playa solitaria desde las rocas. Él, como de costumbre, me contó sus hazañas de la Primera Guerra Mundial, cuando tuvo que matar por primera vez con una bayoneta. Era muy joven y peleaba junto a los ingleses contra los alemanes. Un día se encontró frente a frente con un soldadito de su misma edad. Ambos temblaban de miedo pero sabían qué hacer. El alemancito titubeó y mi abuelo le clavó la bayoneta en el estómago. El niño gritó "mamá" y cayó al suelo. Mi abuelo corrió por el campo de batalla llorando amargamente.
 Quise contarle mi experiencia con los niños desconocidos esa mañana pero desistí. Me diría: "...pero tienes que hacerte amigo de ellos, pues...". Y no quería escucharlo, ellos eran mis enemigos. Así sería más entretenido y podría recuperar mi territorio.
 Pero a la mañana siguiente ¡llegaron cuatro! Los dos del día anterior más uno muy flaco y muy alto y uno chico y gordito,  casi negro.

"Ya pues, guatón, de nuevo la misma tontera con tu bañador..."
"Si ya estay más gordo que el Mohamed!"
"Yo no soy gordo, Juaco, soy bien alimentado!"
"Y bueno, ¿vamos a nadar o discutir?"
"Todos a nadar, menos el guatón Dragi!"
"Si ya voy! ¡Ya voy! ¡¡Espérame, Robi!"
"El último es mujercita...!"

La situación se había vuelto  difícil, ahora tenía cuatro enemigos. ¡Y qué nombres tan raros! Recorrí pensativo los recovecos de mi guarida sin poder encontrar una estrategia. Decidí consultar con mi abuelo. El era experto en guerras.

"Tata, los enemigos en la guerra, ¿eran extranjeros?"
"Si, pues, mijito, eran alemanes".
"O sea que los extranjeros, ¿son los enemigos?"
"No, no, no. ¡Cómo se te ocurre! Acuérdate que yo soy extranjero y no soy enemigo de nadie!"
"Usted es inglés. Tatita, y ¿cómo se llamaba el alemán que usted mató?"
"No sé, mijito. Otto, tal vez..."
"Qué nombre tan raro. ¿Todos los extranjeros tienen nombres raros?"
"Mira, picó uno... ¡viene pesado!"

Esa noche no dormí. Seguro que esos niños eran extranjeros y enemigos. Pero ¿qué hacer?
 Me levanté con el sol y me fui a la playa. La encontré desierta y corrí por ella como caballo desbocado. Nadé entre las olas frías y saqué del fondo piedras y conchitas multicolores. Todo era como antes, ¿por qué esos niños extranjeros me privaban de mi mayor placer en la vida?

 Me encaramé a mis rocas y me tendí a descansar, pensé que tal vez no vendrían más, pero escuché sus voces. Me asomé a mirar y no lo podía creer: ¡habían dos más! Uno de los nuevos se parecía  al llamado Robi. Seguro que eran hermanos, pensé. El otro era alto y rubio. Se preparaban para nadar.

"Oye, Harald, ¿de dónde sacaste esa toalla rosada? ¿Es de tu novia?"
"Yo no tengo novia, idiota. Y tú, Nano? Tu bañador parece un calzoncillo!"
"Y el tuyo parece un calzón de tu mamá...Ja Ja!"
"Ya pues, Dragi, como de costumbre el último en la fila!"
"Oigan! Oigan! El bañador del guatón parece carpa de circo!"
"Ja Ja Ja Ja!"

Y para mi estupor, Dragi, el guatón rubio, me señaló con su dedo índice y gritó:

"¡Pero el bañador del espía está hecho de un trapo de cocina!"

Yo me congelé, me sentí mareado y creí desmayar. Y fue peor aún cuando me gritaron que saliera  de las rocas, como hombre! Tuve que bajar de mi santuario y caminar hacia ellos.

"Cómo te llamay?"
"...Ian..."
"Hola. Yo me llamo Robi. ¿Qué haces escondido en las rocas espiándonos todos los días?"
"..................."
"Yo soy Dragi, hola, cómo estay?"
"Y yo soy Mohamed, ¿que tal?"
"Hola, yo me llamo Nano, ¿eres chileno?"
"Si..."
"¿Y de donde sacaste ese nombre tan gringo?"
"Me lo dio mi papá..."
"¿Y de dónde es tu papá?"
"Mi papá está muerto. Era de los Estados Unidos".
"Mi papá es chileno".
"Y mi papá es árabe!".
"Y el mío es alemán"
"Y mi abuelo es español".
"Hola, yo soy el guatón Dragi, mis viejos son chilenos".

Todos me tendieron su mano mientras yo quería morirme de vergüenza. Y nos hicimos amigos. Compartimos la idílica playa de El Pirata, los bosques y las rocas. Nos divertimos mucho juntos ese verano .
 Y ahora, ya viejos, seguimos siendo los mejores amigos del mundo.
 Guardo entonces mis binoculares de capitán de barco y me acuesto en mi sofá, aquí en el reino de Dinamarca, para descansar un poco y esperar la visita de mis hijas chileno-danesas.




lunes, 3 de diciembre de 2012

SERES EN LA SOMBRA

Querid@s amistades, este relato  de la vida real no es apto para niños.
Ian Welden,



Anoche ocurrió una tragedia en el vecindario . Gritos y sirenas me despertaron  y vi, por el ventanal, cinco automóviles de la policía y una ambulancia.
                             
Salí y me encontré con mi amigo Niels Winter.  Algunos vecinos como los congoleses Bonji, el Milico, la Chancha, el Ciclista solitario, y muchos más locos de mi barrio salieron  en pijamas o batas de levantarse. La policía había arrestado a  un joven, quien tiritaba sobre una camilla .Estaba esposado y lloraba amargamente.

 Era Christian Jensen, un jovencito que  asaltaba cuando viví en El Puente del Oeste, el barrio de los inmigrantes, las prostitutas y las pandillas criminales. Christian , de unos diez años de edad en ese tiempo, ya era drogadicto. A veces conversábamos.  Me contó sobre su vida  sin padres y su odio al mundo... A él le gustaba escuchar historias de Chile. Quería viajar a USA, China, India...

Necesitaba escapar de su vida de pesadilla.

Y anoche, aquí en Valby, se retorcía de espanto mientras hablaba incoherencias. "Ian!" me dijo, "Dame la mano! ¡Estoy solo!".

Un policía  me preguntó si yo  lo conocía. Le expliqué y me dejó aproximarme a Christian. Le hice cariño en la cabeza, su pelo estaba inmundo. Uno de los paramédicos le estaba inyectando un tranquilizante. Era evidente
Fotografía y collage de Ian Welden, Copenhague 1997
que sufría de abstinencias  por falta de droga

El policía me contó que Christian había asesinado a un anciano médico. Con un bate de
baseball le destrozó el cráneo y luego lo apuñaló. Estaba buscando anfetaminas o morfina.No encontró drogas. Luego intentó entrar al consultorio del doctor Hansen, un vecino nuestro. El policía me
preguntó si quería acompañar a Christian al Hospital Psiquiátrico de Copenhague.

Acepté, tal vez por compasión o por
curiosidad...

El viaje en la ambulancia fue lento. Un oficial escribía algún informe y un paramédico controlaba a Christian. Este me hablaba en medio de su delirio. "Viejito lindo, mira que venir a encontrarte en Valby. Yo creía que ya te habías
vuelto a Brasil... Siempre me he acordado de ti. Un día  te fuiste del Puente...
Yo me estoy muriendo viejito, lo sé. Mejor morirme aquí que en la cama..."

En el hospital lo internaron de emergencia. Un doctor me preguntó por él, si era pariente mío, si sabía cuál era su dosis habitual. Le expliqué la situación y me dijo que volvería en dos minutos pero no volvió.

No habían asientos libres. Me paseé como todos los otros pacientes, personal y algunos
parientes. No era fácil distinguir quién era quién.

Una anciana vestida de blanco me dijo con voz amable "Disculpe la espera. Soy la doctora jefa. Mucho gusto. He examinado a su perrito Nikky y lamento informarle que ha muerto. Aleluya! Aleluya!". Y se alejó por un pasillo levantando los brazos al son de sus aleluyas.

Una mujer joven me tocó el hombro y me susurró: "No le vayas a decir a nadie, pero yo estoy aquí porque me sorprendieron haciendo juegos sexuales con Obama. En realidad estoy de incógnito, shhhh... me llamo Britney Spiers, tengo un tatuaje aquí..." Y se levantó el vestido y me mostró las nalgas cubiertas de excremento.

Un viejito deambulaba  mientras gritaba incongruencias. Sonreía y gritaba en castellano "Yo tengo un amigo en Cuba! Se llama Fidel!"

Un  hombre se me acercó gateando e intentó lamerme los zapatos. Chorreaba saliva y olía a podredumbre. Una mujer lloraba en un rincón mientras se  masturbaba exclamando "Peter, no me abandones...".. Esto es lo que llaman la locura pensé. El olor a orina era insoportable.

Era la sombra de la vida. Era como una escena dantesca.

Se me acercó un jovencito calvo, con un aro en una oreja y un tatuaje que decía love your brain (ama a tu cerebro) en el brazo derecho. Me sonrió y me informó que mi amigo había muerto. Yo le di la espalda y caminé hacia la salida.

Me persiguió  y  me preguntó si yo era Ian, el amigo de Christian. Me dijo que era el médico de guardia. Yo, por confundido, le pedí que se identificara. Puso cara de disculpa y me mostró su tarjeta de médico. Quiso hacerme algunas preguntas pero  salí rápidamente del hospital y tomé un bus de regreso a mi casa

Y ahí estaban todos mis locos esperándome. Mi vecino Niels, Los siempre sonrientes congoleses Bonji, La Chancha, El Milico, El Ciclista Solitario, el Jabalí Sueco...

Regresé a mi Calle Larga de Valby y sus locos milagreros. A mi pequeño y calentito departamento con olor a cardenales y tabaco. Lloré de alegría y compasión. De impotencia, rabia, pero sobre todo de alivio.



Publicado por Gabriel Impaglione REVISTA ISLA NEGRA ESPAÑA
http://isla_negra.zoomblog.com/archivo/2009/03/14/ian-welden-Dinamarca.html