jueves, 5 de enero de 2012

LAS ALMAS DE EL COMPRITA




Milagro
Las almas de El Comprita


1

Caupolicán Huenchulán, sobre un esquelético asno blanco, llegó anoche a mi casa en Europa. Traía para mí una carta con la  noticia de la desaparición de El Comprita. Caupolicán me contó que su padre, el cartero Galvarino Huenchulán, subió a Los Andes con la carta en septiembre de mil novecientos setenticinco y se quedó veinte años en el hielo ya que la legendaria fantasma Viuda Blanca.  Ella se oculta por la noches en los ventisqueros y pasos cordilleranos para matar de susto a los transeúntes.  Se enamoró de Galvarino y lo esclavizó obligándolo a tener un hijo con ella. Galvarino, en agonía, le entregó la carta y el asno a Caupolicán , de veinte años de edad, y le pidió que continuara la misión. El joven logró llegar al mar, con hambre y sin dinero  pero con la  misiva en un bolsillo. No encontró trabajo en los embarcaderos y muelles del puerto por lo que se lanzó al océano Atlántico con el animal en una balsa.  Navegaron meses hasta llegar a las costas de España. Allí descansaron durante diez años antes de emprender un largo viaje hacia el norte de Europa, donde yo vivo.

2

Nos conocimos en mil novecientos sesentinueve en el centro de la ciudad. Yo, por costumbre, hacía la cimarra porque odiaba mi colegio y al mundo entero. Un joven de mi edad, dieciséis años, empujaba  un destartalado buque manicero. Se le desparramaron  bolsitas de maní por el suelo;  me miró suplicante. Sin tener otra cosa que hacer y con la oportunidad de comer maní gratis, lo ayudé y nos hicimos amigos. Vivía con su madre en una población de familias indigentes en el sector oeste de la  urbe, ahí donde el río se desborda con saña. Las habitaciones son pocilgas con techos de cartón y los  güarenes se comen vivas a las guaguas.

Yo vivía en una casona  en el lado este, a los pies de la cordillera. Vestía abrigo azul, chaqueta, corbata y zapatos relucientes, y él, camisa y pantalones desgastados y alpargatas carcomida. Le decían El Comprita porque por las noches salía con su buquecito a cualquier cosa.  Alambres viejos alambres oxidados, restos de estufas a parafina, revistas de siglos pasados, botellas, viejas fotografías. Con su elocuencia  lo revendía todo en el Mercado de las Pulgas y compraba más maní para tostar  con su madre para el día siguiente.
Nuestra amistad se consolidó a medida que madurábamos. Yo lo guiaba en rondas nocturnas por las mansiones del barrio alto a comprar objetos curiosos e inservibles y comentábamos  la situación política de Chile. Él me mostraba el nervio de la miseria y la pobreza de nuestra patria. Yo tan sólo conocía la retórica a pesar de estar involucrado en acciones pro gubernamentales. Y cuando la pesadilla del golpe de estado militar irrumpió en nuestras vidas, el Comprita me escondió en su humilde casa.
Su rutina cambió drásticamente. Ya no salía a vender maní. Él y su madre Rosa atendían a innumerables personas que venían a la casita durante el día, tomaban  té  y cuchicheaban hasta el atardecer. Me tenían  prohibido salir de mi cuartito cuando habían visitas.Y en las noches, desafiaba el toque de queda y el estado de sitio y de emergencia instaurados por la dictadura.  Salía con su buque manicero a las peligrosas calles santiaguinas y al agresivo río a rescatar a seres anónimos heridos o asesinados por los soldados y la policía. Los llevaba a los hospitales más cercanos para que los identificaran y no fueran sepultados en fosas comunes en el desierto y declarados "desparecidos".
Con el tiempo descubrí que los visitantes golpeaban en la puerta y preguntaban "¿Compra cosas antiguas?". También vi a través del ojo de la cerradura que traían fotografías...
Una noche me empujó al buque manicero, me ocultó entre objetos antiguos y me condujo corriendo al aeropuerto. La despedida fue muy rápida. Un apretón de manos y una mirada firme a los ojos confirmaba nuestra amistad.
El viaje en avión fue una  pesadilla febril; una maraña de familiares llorando, amadas abandonadas, contraseñas, fotografías de desaparecidos y maní... mucho maní y objetos antiguos.
¿Habrá transcurrido realmente ya casi medio siglo desde estos acontecimientos? Llevé a Caupolicán y su asno al aeropuerto y volví a mi casa a llorar con la carta entre mis manos.

3

11 de Septiembre de 1975 Estimado señor,
debo comunicarle la desaparición de mi hijo Pedro,  conocido entre sus amigos como el Comprita, el Compra Cosas y el Manicero.
Desde su partida él no fue el mismo. Siguió unos meses con su labor de rescatar cadáveres y heridos hasta que una noche llegó a casa con un alma. Había además un alma herida en su carrito.
No teniendo dónde llevarlas -los hospitales no reciben a este tipo de seres, me dijo- las dejó dormitar en el cuartito que usted ocupó  antes de su viaje al extranjero. Pero las cosas se complicaron mucho. Salía todas las noches  a pesar del toque de queda, y volvía a casa con más almas.
Nuestro hogar se llenó de ellas y no teníamos espacio suficiente para vivir. Frente a nuestra puerta había interminables filas de espíritus pidiendo asilo.
Muchas veces llegaron soldados y policías a allanar nuestro hogar, sin resultado alguno para ellos, pues  como usted seguramente sabe, las almas son invisibles.
Anoche llegó el alma de Pedro, su amigo el Comprita, señor, a quedarse conmigo para siempre. Las autoridades lo han declarado oficialmente desaparecido.
Esperando que usted esté bien en su nuevo país, le mando un gran abrazo.
Señora Rosa

Ian Welden, Dinamarca, Chile © 2011

Fotografía de Robinson Hakim
Puerto Montt, Chile.


5 comentarios:

  1. Me reconforta saber que están allí unidos y que su memoria sigue en relatos tan bien tejidos como este.

    Besos

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  2. felicitaciones Ían, un relato ágil y entretenido

    abrazoooo

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  3. Me quedé ensimismada...
    que de aquellos dolores desconocidos y no resueltos
    aún caminan por las calles de este país...
    que de esos compatriotas que ya no están
    siguen acompañándonos en cada esquina
    buscando asilo a su espíritu
    y justicia y verdad para el que sigue buscando
    en penas al que vio partir para jamás volver...
    Un dolor que sigue vivo
    y necesario mantener en la memoria
    de los que muy rápido olvidamos...

    Un sentido relato...
    una verdad imborrable...
    algo que nunca debemos olvidar!

    mi saludo cordial!

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  4. Aún releyéndote, me emociono como la primera vez.

    Muy duras historias las de algunos pueblos...

    Un fuerte abrazo y un beso con mi admiración y mi cariño, querido Íancito.

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  5. Podría formar parte de las páginas de una interesante novela. Feliz Año Nuevo, sobre todo, salud,que con ella, todo es posible. Mi cordial saludo

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