domingo, 23 de septiembre de 2012

LA NIÑEZ NUEVAMENTE



                                                    La niñez nuevamente
                                                                                          Ian Welden Robeson


1
He cumplido nuevamente doce años de edad.

Cuando era viejo sufría por haber perdido todo esto que tengo ahora: Un curioso planeta  a mi disposición y un cuerpo ágil y astuto para hacer uso de él. Y me digo "OK... creo que lo entiendo; déjenme digerir este fenómeno".

He superado los primeros años difíciles de mi primera infancia y puedo sostenerme sobre mis dos piernas. Controlo el poder de mi cerebro y mis manos, y me atrevo a alejarme de la seguridad de mi madre. Corro feliz en compañía de otros niños como yo. Éxtasis, es la palabra adecuada.
 Mi capacidad de llorar es una de las habilidades que perderé en mi juventud y sólo la recuperaré poco antes de mi muerte. Es un mecanismo ingenioso que, entre otras cosas, frena mi ira.
Si no llorara destrozaría  a mis semejantes ante una frustración.  Un amigo afirma que los científicos descubrieron una droga que induce al llanto; pero los políticos y militares impiden su uso porque con ella no habrían mas guerras.

Anoche, mi risa brotó sincera, sin  censuras ni burlas. El objeto de mi alegría la luna   menguando en el cielo violeta. Sentí un placer ya olvidado en todo mi cuerpo; una sensualidad pura en mi alma. Un cosquilleo amable en mi sexo.

En casa, mis padres me esperan con la cena olorosa a hierbas, verduras y pescados. 

Duermo confiado y seguro. Horado túneles en las materias del sueño y viajo por el espacio. Encuentro  amigos de aire y situaciones  bizarras. Y cuando aparecen los inevitables monstruos ya no les temo.

Despierto en la mañanas con un apetito feroz por la vida. Me comería al planeta entero y bebería todos los océanos  y... salto de mi cama. ¡Es tiempo de vacaciones!  Me encuentro con mi amigo y salimos a navegar por el río en los botes de los pescadores. El día es simple con su cielo azul  turquesa.


2
En mi vejez añoraba con dolor los ojos azules y el cabello negro la niña que me robó el corazón una tarde de verano. " Jamás le tomé la mano". me lamentaba; " Jamás la besé...".  Pues ahora está aquí conmigo, me extravío en sus ojos melancólicos y le acaricio el pelo y la beso. Somos nuestros. Y corremos de la mano por la playa mientras  las gaviotas nos abren paso hacia el cielo. Las olas del océano Pacífico chileno nos  llevan a visitar sirenas escandinavas.
 Siento empatía y lástima con ese viejo que fui. No es su culpa haber perdido todo menos su capacidad de autocompasión. El ser humano es así, creo. Veo a los animales entregarse con serenidad a la  muerte, ocultos en algún rincón de los bosques. . ¿Qué haré yo en mi nueva vejez? ¡Dios mío! He estado tan ocupado con mi nueva niñez que he  olvidado que me alejo rápidamente de ella. 

Reconozco  el agrio sabor de la angustia.

En estos días he observado a mi padres y, sobre todo, a mi abuelo materno. Mis padres están satisfechos con sus vidas porque me tienen a mi. Soy el objeto de su felicidad y estabilidad. Mi abuelo, por el contrario, vive  un desamparo existencial en su asilo de ancianos. Observo su dolor y su impotencia. Yo vengo de allí y voy para allá nuevamente, pienso con horror. No importa. El mundo me pertenece y se me entrega entero con pasión. Soy el único ser inmortal del Universo.Pero no soy autosuficiente. Dependo de las miradas y palabras de mis semejantes. De las risas de mis amigos y las caricias de mi amada. Me embeleso ante este milagro de estar vivo.. No siento soledad, ni rencor ni celos, como lo hacía en mi vejez. Soy lo más cercano a la pureza y me siento orgulloso de esto.

3
Nos juntamos alrededor de fogatas bajo el firmamento  y cantamos a la orilla del mar. Vamos madurando ya, sin duda alguna. Ya no tenemos doce años de edad sino quince o dieciséis. El erotismo y la sexualidad nos inquietan y amamos con cuidado y reñimos con celos dolorosos.
Vuelvo a sentir la enemistad y la envidia, pero mi llanto es profuso y calma mis instintos de Caín.  Aún corremos como potrillos por las praderas, hacemos la cimarra para fumar a escondidas en la Plaza de la Concordia y volvemos a nuestros hogares a cenar con nuestros padres. O a llorar en sus hombros.
Tengo ya dieciocho años de edad, un fusil y poder entre mis manos.Me he convertido en un monstruo. No mato a soldados del ejército enemigo sino a familias enteras, viejos, padres y madres, adolescentes y niños.
Ya no lloro.Maldigo. El mundo entero me maldice y yo odio al mundo.
Soy teniente primero y tengo a cientos de jovencitos de mi edad bajo mi mando. Y a cientos de adultos y viejos a los que debo responder con respeto y  productividad ... Recibo medallas de honor que luzco en mi guerrera.Esta gente que asesinamos, y sus ejércitos, no hablan nuestro idioma y nuestras culturas son disimiles así como nuestros dioses.
Ellos también matan a inocentes.¿Dónde habrá quedado mi nueva niñez? ¿Y mi niña de los ojos de ensueño, y mi botes en el río? Recuerdo que cuando viejo hablaba con orgullo de esta guerra y mi ocupación principal era sacarle brillo a mis medallas. Las exhibía sobre mi televisor pero jamás hubo un público para ellas. Ya había otra guerra en el mundo con nuevas medallas y tenientes y multitudes indefensas asesinadas.

5
Ya cumplí los cincuenta años y he destruido todo rastro de  mi  niñez. Tengo mis responsabilidades y ambiciones profesionales. Me regocijo en mi dinero y maldigo mis deudas.
Voy en mi automóvil al supermercado y me mantengo alejado de la naturaleza ya que sufro de alergia. Tuve a una mujer hace diez años, pero la abandoné. Me negué  a tener hijos ya que los niños siempre me han parecido un estorbo.
Por las tardes me junto con mis colegas de la oficina a jugar póquer, beber alcohol, fumar habanos y contarnos chistes sucios. O vamos a prostíbulos a comportarnos como bestias con las mujeres. Tenemos dinero para eso.
A veces  siento una nostalgia, una especie de llamado desde la distancia. Alguien intenta  recordarme que una vez en mi vida ocurrieron cosas milagrosas.... pero la  desaparezco con un gesto de mi mano, como al humo de un cigarrillo.

6
Hoy cumplo ochenta años de edad. El personal del asilo y los otros viejos me han hecho una torta y me cantaron Happy Birthday. Lloro mucho y me cuesta reír. No logro dormir. Recuerdo que una vez conocí a una niña de ojos azules y cabello negro que me robó el corazón una tarde de verano.
Jamás le tomé la mano... jamás la besé...

3 comentarios:

  1. Si pudiesemos cruzar la barrera del tiempo, retroceder, recuperar la infancia pero al mismo tiempo vernos en nuestra edad actual, seguramente algo muy importante nos llevaríamos como equipaje, amigo Ian: la pureza que nos fue robada durante el camino para hacer con ella nuestro estandarte de vida, y si algo tuviesemos que conservar de nuesto hoy para que se abrazase a esa pureza, sería la experiencia y el agradecimiento de haber vivido.

    Un fuerte abrazo, amigo y, para mí, gran narrador de cuentos y relatos.

    FINA

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  2. Amigo que historia, me encanto, fascinante y trascendental, los vestigios de anteriores vidas llegan al encuentro de la niñez y poco a poco nos vamos perdiendo en la noche del tiempo, ocupando el error capitulos importantes de nuestra efimera vida, llegar a la vejez recordando lo que pudimos haber hecho y no lo hicimos, triste y lamentable, una lectura maravillosa que nos invita a la reflexion;... me encantan tus escritos Ian, un abrazo y mucha luz.....

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  3. Muchas vidas en una vida,muchos recuerdos y sentimientos se entrecruzan y nos hacen pensar...Ojalá recordáramos anteriores vidas y supiéramos de esos errores o fallos,que tuvimos para superarlos y ser cada vez mejores.
    Increible tu imaginación,que nos lleva de la mano con dulzura y sabiduría para reflexionar sobre la vida,sobre ese balance que todos hacemos a veces,tratando de crecer y ensayar vuelos del espíritu.
    Mi felicitación y mi abrazo inmenso,amigo.
    M.Jesús

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