martes, 2 de octubre de 2012

JAKELINE EN UN VIERNES CUALQUIERA





 Fotografía y diseño de Ian Welden.

 "Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír."Swami Sivananda


Me despierto metido en un viernes. No sé si es un postre que comeré con fruición o una tonelada de plomo que tendré que cargar sobre mis hombros de viejito achaquiento.
   
Por mi ventana entra mi gato Jorge y me dice "Tú decides pues, viejo querido..." y se va orgulloso hacia su plato de leche danesa.Yo decidiré, entonces.  

El agua caliente de la ducha me relaja y el cepillo dental masajea mis débiles encías. Sangro un poquito. Me pongo una camisa fresca y salgo  a mi querida Calle Larga de Valby en busca del milagro que hará de este día un manjar.  

Está helado y un sol pequeñito como una moneda danesa no sabe si integrarse a este paisaje u ocultarse tras las nubes aguadas. Me encuentro con una pequeña multitud de milagreros. Y con los ingenieros, los escolares empujándose entre sí, las mamás que, sentadas en la placita, amamantan a sus guaguas y los viejitos de la mano.  Toda esta vida en movimiento- hace que mi viernes sea el de siempre, un viernes cualquiera.

Gerda, la Vikinga ciega me saluda con su "hej hej!" clásico mientras hace brotar serpentinas de cristal de su pezones. Las serpentinas son recogidas por niñitos que se han escapado de sus madres y y las guardan en bolsas plásticas con logos de YAHOO. Per, el organillero sueco gira su manivela con la hidalguía de un molino de viento, y produce orgullosamente y como siempre (ya es tiempo de que haga un numerito nuevo) miles de sombras multicolores que luego salen a besar a los sorprendidos transeúntes. Se produce una ovación y Per hace una elegante venia.  

Pedro Urdemales, alias El Vagabundo, alias Erwin el Desaparecido, reaparece en el centro de la Plaza de Valby y vomita larguísimos chorros de cerveza y orange crush, que la concurrencia se apresura a beber. Los adultos jóvenes y los viejos se embriagan como trompos (yo no bebo) y corren por la plaza. Los niñitos y las guaguas ríen y Erwin agradece a la multitud en tanto desaparece entre las nubes cargadas de hielo. ¡Y nieva! Pero John el milagrero de Liverpool hace que cada copito de nieve tenga un color particular, rojos violentos, azules celestiales, amarillos solares,... el evento es espectacular y la ovación estruendosa. 

Los niñitos se llenan los bolsillos con copitos de nieve multicolor. Los adultos ahora andan con la caña y se acuestan en los bancos de la plaza a dormir la mona. El tímido sol danés se atrevió a salir del todo y derrite la nieve. Ahora hay una masa de colores surtidos, como la paleta de pintor de Leiva Gallardo (encontrar en Google), que cubre toda la Calle Larga de Valby. La multitud ruge.   

Me encuentro con Jakeline. Me besa y me propone ir a caminar al Bosque de Søndermarken. Nos vamos despacio tomados de la mano. Hablamos de la situación política del país. El reino de Dinamarca tiene problemas con su jefa, la Unión Europea. Y la ministra de integración se tambalea en su taburete.  Entramos al Bosque y nos dirigimos hacia la Gran Fuente de Søndermarken, lugar en el que se reúnen los fantasmas de vikingos, los dioses y diosas griegos, los indios mapuches y muchos seres más. Muertos que resucitan en las noches y hacen orgías de alcohol y sexo promiscuo en torno a la fuente y en La Bóveda bajo la fuente. 

La Bóveda, un espacio del tamaño de mil canchas de football, llena de seres humanoides pequeñitos, la construyeron los vikingos en el año 0 bajo el mandato del primer rey danés Gorm, el Magnífico. (Dicen las malas lenguas que en la noches de luna la reina actual, Margrette II, Ie pone somníferos en el cognac a su marido el príncipe Henrik, y se arranca del Palacio Real, disfrazada de bruja, para dirigir la orgía con su batuta de oro).  

El bosque es paradisíaco con sus pavos reales y sus hipopótamos. Leones y leonas pasean lado a lado con gacelas y ciervos y todo es muy a la testigos de Jehová. Nos sentamos en el borde de la fuente para besarnos con más comodidad.  Antoine de Saint Exupéry cae de un gigantesco baobab y confuso murmura "El Principito... el Principito.... ¿ han visto a mi Principito?" . En ese instante el Principito camina hacia nosotros. Lo acompaña un zorro... El animal se ve fiero pero muy manso y el príncipe le acaricia la cabeza. Me imagino que ya se habrán domesticado. Jakeline me dice "Ya hemos visto suficientes milagros, ¿no crees ? Creo que es mejor que regresemos".

Ahora estamos en mi casa. Jakeline me insinúa "Todavía estamos en un viernes cualquiera. Podríamos hacerlo mejor aún. ¿Te sirvo tu postre...?"



4 comentarios:

  1. Jaqueline es una mujer afortunada. Mira que ella está enamorada de ti o es ficción?
    Me he divertido mucho leyendo este precioso y gracioso relato, Ian.Escribes como una fiera en libertad.
    Un abrazo,
    Sylvia.

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  2. Mi querido amigo, describes una ciudad danesa bella e inconmovible, y tu amiga tan linda te acompaña y te sigue en tus aventuras, mira que encontrarte con el principito y su zorro manso jejje,...amigo viví plenamente la experiencia con tu bonito relato, me alegró mucho venir a visitarte, tus cuentos son especiales asi como tu...

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  3. En la foto de arriba tu hija es igualita a ti, son muy parecidos, y parece que se quieren mucho, eso es muy lindo,...bellisima fotografia

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  4. Con la sensibilidad que te caracteriza, has hecho una descripción impecable de una mañana levemente gris en la ciudad de Copenhagen,amigo Ian. Bonito relato.
    Que pases un buen día.

    FINA

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