domingo, 28 de octubre de 2012

JUAN




Fotografías y diseño de Ian Welden, Copenhague.
En tu lucha contra el resto del mundo, te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.Franz Kafka 


Durante la guerra de la dictadura en Chile, el joven estudiante periodista Juan Soto Luna fue encarcelado por los militares. Y una noche de septiembre, a punta de ametralladoras, lo llevaron a los faldeos cordilleranos donde fue fusilado.
 Pero resucitó.
 Cruzó a gatas la cordillera de Los Andes  y llegó al océano Atlántico donde trepó a un crucero argentino. Desembarcó en Copenhague, capital del reino de Dinamarca.  Después de dormir en portales nevados y comer de los tarros de basura, encontró un cuartucho abandonado en la Calle Larga de Valby. Con una computadora rescatada de un basural, siguió enviando sus artículos en contra  de la dictadura y en pro del regreso a la democracia y la armonía entre chilenos.

 Su vivienda no tenía puertas ni ventanas, por lo que Juan prefería  dormir a la intemperie. Y como no tenía dinero seguía alimentándose de las exquisitas comidas danesas encontradas en los tachos de basura.

 En ese tiempo ya habían milagreros en la Calle Larga. Eran los vikingos con las parafernalias de sus osados ancestros de los años cero, pero también viejos hippies y nuevos punks produciendo té de hierbas mágicas contra el asma o el mar humor y  usando cabellos multicolores como los pavos reales y escuchando músicas ininteligibles en sorprendentes aparatos llamados gettoblasters.

 Juan, de treinta años de edad, paseaba desapercibido entre los milagreros y los transeúntes siempre ideando nuevos estilos para sus mensajes a Chile. Cómo lograr que una dictadura poderosa y cruel, como todas las dictaduras, cayera gracias a cartitas enviadas por correo electrónico!
 Y un día se dijo "Ahá! Titularé mis cartas `Milagros´!".
 Y su cuartito se llenó de hippies gordos y sudorosos ; punks ruidosos y vikingos enormes. Todos hablaban castellano adanesado (el lugar de vacaciones preferido de los daneses es España), para supervisar a este extraño chileno llamado  Guan Soutou Louna. Le traían, además, exquisiteces culinarias y vinos escogidos que según Juan no sabían tan bien como la comida y las bebidas encontradas en los Reales Basureros Daneses. 
 Y una punk de cabellos verdes y piel blanca besó a Juan en la mejilla, causándole un incremento visible de su actividad hormonal  y una confusión evidente en sus células cerebrales.
 Pero no importa, se decía el ya barbudo combatiente chileno, "mis cartas son cada vez más potentes!"
 Sorpresivamente estalló la guerra de la Calle Larga de Valby.  Un grupo  agresivo de valbyanos agredió a los milagreros una tarde nevada de diciembre. Destruyeron las parafernalias de los mansos vikingos, los gettoblasters y los peinados de los desprevenidos punks, los exóticos tés de  hierbas prohibídas de los transpirosos hippies e incendiaron el cuartito de Juan. Éste se libró de ser linchado gracias a la vigilancia de un nuevo grupo de milagreras aparecidas llamadas Las Feministas. Ellas lo sacaron por un pasillo secreto del edificio y lo instalaron en una calle lateral a la Calle Larga, con un teléfono celular entre sus manos.

 La dirigente del grupo, una mujer altísima y maciza como el tronco de un roble le dijo en castellano agringado: "¡Juan, la dictadura chilena ya cayó! No sabemos si tus misivas habrán hecho alguna diferencia. Pero ahora tendrás que escribir cartas en danés a los milagreros y a los antimilagreros y a toda la población de Valby para terminar con esta guerra absurda!"
 Y  presionó sus labios sobre los de Juan, introduciéndole la lengua hasta la garganta, entregándole así el conocimiento de la lengua danesa.

La guerra de la Calle Larga duró cinco años. Nuestro héroe cumplió los sesenta años cuando terminó. Triunfaron los milagreros sin disparar un sólo tiro.
 Hoy en día la Calle Larga de Valby es un célebre lugar de encuentros entre turistas, almas y fantasmas, gente común y corriente con sus niñitos de la mano, y una feria loca de milagreros de todas las generaciones que desafía las leyes de la cordura y de la gravedad.

 Y ese viejo sentado por ahí con una botella de vino tinto chileno a medio tomar, capaz que sea Juan, escribiendo más que nunca mensajes  de paz y justicia para el mundo entero.

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2 comentarios:

  1. Ian, es una bella historia aunque narre el drama del hombre que debe abandonar su patria y buscar otro cielo bajo el que guarecerse. Es bella aunque la tristeza ulule como el viento por todo el texto. Es una bella historia porque habla de principios, de lucha de paz.
    Un abrazo

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  2. es triste recordar una parte de la historia tan compleja, violenta y destructiva... aunque reconozco que a mis 37 años... no viví nada de eso... nací después, pero de todas maneras las historias y el terror aún siguen en la mente y corazón de los chilenos

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