viernes, 14 de diciembre de 2012

LA MUJER DE LOS OJOS DE ESTRELLAS NEGRAS


Fotografía y diseño de Ian Welden, Valby, Copenhague
Mi amigo Niels Winter y yo estábamos anoche en el Cafe Ciré. La concurrencia estaba exaltada ya que los fantasmas de Bill Hayley sus Cometas en el escenario tocaban "Rock Around the Clock" con una vitalidad sorprendentes. Todas las mesas estaban ocupadas y habían muchos clientes y fantasmas de pie o bailando. Por ejemplo, John Lennon y George Harrison, de los Beatles, cantaban a la par con Bill Hayley. Martin Luther King conversaba con John Kennedy. Violeta Parra  gritaba "No es mi música... no es mi música... pero míren que son buenos; puchas que son BUÉNOS!". 

Cada mesa tenía una vela y alrededor de las  llamas bailaban diminutas campanas. Walt Disney dirigía sus movimientos con una batuta de oro. El aire era denso de humo y transpiración, así como me gusta a mi, y Piérre, el dueño, servía entre las mesas aquí y  allá. Sonreía como el contento francés de siempre . "Sa vá, Piérre? comment andá le negocié?" le pregunté y el me contestó como siempre "Ah monsieur Ián, tres bien, tres bien" sobándose las manos.

 Alguien susurró mi nombre. Al voltear me encontré con dos ojos de estrellas negras que me sonreían. Detrás de ellos estaba una mujer linda.. "¿No te acordás de mi? Llegué recién al aeropuerto de Copenhague y sabía que te encontraría aquí". "¡Patricia!" exclamé sorprendido. Patricia, una mujer que hace varios años  me enamoró cual adolescente. Nos abrazamos y revivimos el beso que una noche nos dimos en La Calle Larga de Valby, cerca de mi casa. "Me doy cuenta de que no eres un fantasma" le dije. Me despedí de Niels y de la concurrencia y nos fuimos caminando a mi departamento. Esa noche conocimos la Gloria.

El domingo invité a mis hijas y a mis amigos a celebrar. Llegaron Tatyana, Sonnich y Anne Birgitte con sus hijos, Bader y Petra & Co., Erwin, Rubén, Jakeline y su madre, Ditte y Sussane, Pedro y Laura, Ken y Birgitte y su Co. Laura y Johanne. Todos con flores, botellas de vino Santa Rita y regalos para Patricia. Al dia siguiente después de plácidas horas de regaloneo en mi sofá llamé a mi amigo Ingmar Bergman, el famoso cineasta, millonario y filántropo sueco y le pedí prestado su pequeño avión Cesna, su helicóptero, su Rolls, su chofer Arne, y 20.000 dólares. Y llevé a Patricia a conocer a esta Dinamarca con reputación de  frígida y egoísta. Primero fuimos a la casa de los Andersen a ver el partido de football Suecia/Dinamarca. Tìos, tías, abuelos y niñitos se acomodaban en sillones y cojines mientras se repartían hotdogs, cervezas y coca-colas. La gritería era casi insoportable. Lamentablemente perdió Dinamarca. Volamos a las Islas Færo y paseamos por los imponentes fiordos mientras gaviotas færoenses nos guiaban por los pasos menos peligrosos gritando a los cuatro vientos "Están enamorados! Están enamorados!". Arne, el piloto, nos llevó a mirar a la Sirenita, esculpida en bronce, frágil joyita  sobre una  piedra en el mar. Luego volamos a la Isla de Bornholm, al sur de Suecia, a almorzar donde los Kofoed, una familia de pescadores bonachona y hospitalaria. "Debo estar en Santiago pasado mañana a más tardar, mis hijos me esperan", me dijo Patricia. Me invadió un sentimiento de pánico. Nuevamente la perdería. Llamé a Ingmar y él por supuesto puso su Jumbo Jet a disposición de ella. Esa tarde paseamos por la Calle Larga de Valby. Los milagreros estaban en plena actividad. Vikingos gigantescos asando inmensos jabalíes y repartiendo cerveza áspera y negra entre los paseantes. El organillero Per haciendo salir sombras multicolores cada vez que giraba la manivela. Niñitos rubios y morenos volando de aquí para allá mientras que sus madres tejían frazadas con suaves sedas de tela de araña. Tania la bailarina dibujó siluetas de neón en el aire. El argentino Pedro Paraná, que llegó a Dinamarca antes del diluvio, cantó tangos del Paraná conmoviendo  hasta las lágrimas a Patricia.

Esa noche nos despedimos. Se me fue una vez más la querida mujer de los ojos de estrellas negras.
 Ahora camino por mi pequeño departamento cual fiera herida. Creo que iré al Café Ciré a buscar a Neruda. Necesito desesperadamente que me explique sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada...

4 comentarios:

  1. Yo también quiero preguntar alguna cosa a Neruda.

    ¡Cuánta imaginación! Todo un derroche.

    Saludos

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  2. ...cómo me haces ver esa calle larga de Valby...y esos maravillosos fantasmas que viven en los cafés....
    El paseo lleno de vikingos...., el organillero..
    ¡Hasta pude escuchar su música...!
    Voy un poco lenta.., el tiempo me consume, ays.
    Gracias por tu visita Ian..
    Buen fin de semana
    Un abrazo

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  3. Me gusta tu post..siempre me quedo con la sensación...de ...será fantasía o realidad? ...y eso lo hace más interesante.
    Un abrazo para ti y que ojos vuelvan mil veces más a revivir en ti.
    mar

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  4. porque no se consigue un poco de valor y la sigue????
    saludos!!!!
    "el que la sigue la consigue"

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